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De Norte a Sur, de Este a Oeste, España ha ido atesorando con el transcurrir de los siglos espléndidas obras artísticas: preciosas iglesias románicas, impresionantes catedrales góticas, exuberantes templos barrocos, sorprendentes monumentos hispanomusulmanes, magníficos castillos, bellísimas pinturas y esculturas...


De la prehistoria a la conquista árabe

Las diferentes civilizaciones que se han sucedido en el suelo peninsular desde la prehistoria han dejado muestras excepcionales de su arte.

Paleolítico Superior (40000 a 10000 a. C.)

De esta época se conserva un maravilloso arte rupestre, en el que se distinguen por su estilo dos zonas muy diferenciadas: la franco-cantábrica y la levantina.

Las pinturas de la región franco-cantábrica , encontradas en una serie de cuevas (Altamira y El Castillo en Cantabria y El Pindal, Ribadesella y San Román en Asturias), son representaciones polícromas muy realistas de animales aislados. Los colores (negro, rojo, ocre), magníficamente conservados, se obtenían con materias minerales u orgánicas disueltas en grasa animal. Otra característica es la ausencia de figuras humanas y de composiciones o grupos.

En cambio las pinturas de la región levantina se hallan en abrigos en las rocas al aire libre. Son representaciones pequeñas, estilizadas, a veces muy esquemáticas, y monocromas, en las que la figura humana desempeña un papel primordial. Su cronología es muy discutida. Los abrigos más interesantes son los de Cogull (Lérida) y Alpera (Albacete).

Neolítico y Edad del Bronce

El hombre del Neolítico, o Edad de la piedra pulimentada (7000 a 2500 a. C.), nos dejó una serie de construcciones conocidas como monumentos megalíticos . Los más interesantes son los dólmenes de Antequera.

Durante la Edad del Bronce (2500 a 1000 a. C.) se desarrolla en El Argar (Almería) una interesante cultura (útiles de bronce, cerámica y joyas). En Baleares hay que citar una serie de monumentos defensivos, denominados talayots (torres en forma de pirámide truncada), y funerarios (taulas y navetas).

Edad del Hierro (1000 a 500 a. C.)

Este período corresponde a la cultura ibérica y a las colonizaciones fenicia, griega y púnica. Los iberos nos dejaron muchos restos, algunos de perfección artística extraordinaria: leones de Córdoba, toros de Guisando y sobre todo la Dama de Baza y la Dama de Elche (Museo Arqueológico de Madrid) y en orfebrería el tesoro de Carambolo (Museo Arqueológico de Sevilla). De los fenicios se conservan varios sarcófagos antropoides en Cádiz y de los griegos la colonia de Ampurias. La mayor riqueza de restos púnicos se encuentra en Ibiza.

España romana (s. I a. C. – s. V)

En España, como en el resto de su imperio, los romanos trazaron vías de comunicación, puentes y acueductos, edificaron ciudades y magníficos monumentos: teatro de Mérida, mosaicos de Itálica y Ampurias, acueducto de Segovia, arco de triunfo de Tarragona, puente de Alcántara, etc.

Los visigodos (ss. VI al VIII)

Convertidos al Cristianismo, construyen iglesias muy modestas (Quintanilla de las Viñas) de sillería con decoración estilizada que se encierra en frisos de bajorrelieve (motivos geométricos, vegetales y símbolos cristianos de inflluencia bizantina). Pero lo más característico del arte visigodo es el empleo del arco de herradura, de origen oriental, también reproducido en la planta del ábside.

La orfebrería alcanza un gran desarrollo; en Guarrazar (Toledo) se ha encontrado un tesoro riquísimo (Museo Arqueológico de Madrid), compuesto por varias coronas votivas de oro y pedrería.


Arte hispano-árabe (ss. VIII al XV)

El arte de Al Andalus conoció tres fases correspondientes a los períodos más importantes de su historia política.

Arte califal – Córdoba (ss. VIII al XI)

Tres son los tipos fundamentales de edificios árabes que poseen una unidad arquitectónica: la mezquita, el palacio o alcázar y la alcazaba. La mezquita se caracterizaba en su origen por su simplicidad: un recinto cuadrangular con arcadas que miran hacia el muro de la oración, donde se encuentra el mihrab, hornacina que concentra la atención de los fieles; el minarete y el patio con la fuente de las abluciones completan el esquema. La planta del alcázar se organizaba alrededor de patios rectangulares rodeados de deliciosos jardines mecidos por el rumor del agua de fuentes y surtidores. La pieza maestra del sistema de fortificación árabe era la alcazaba . Edificada en una colina, esta fortaleza comprendía varios recintos amurallados rematados con agudos merlones; las puertas estaban protegidas por macizas torres cuadradas.

Málaga posee una magnífica alcazaba pero los monumentos más importantes se conservan en Córdoba (mezquita, palacio de Medina Azahara) y en Toledo (Cristo de la Luz y Puerta de Bisagra).

Este arte se caracteriza por el empleo de arcos de herradura y polilobulados en los que alternan dovelas blancas (piedra) y rojas (ladrillo), decoración de ladrillo en relieve, cúpulas estrelladas, modillones dentados y puertas adinteladas coronadas por un arco ciego.

Los Omeyas, al venir de Siria, introdujeron el gusto por una decoración abundante. Como el Corán prohibe la representación de figuras humanas y animales, los elementos decorativos se reducen a tres grupos: caligráficos , geométricos , que se utilizan en la decoración de mosaicos, azulejos y celosías, y vegetales , que cubren frisos y tableros de los muros componiendo la llamada decoración de ataurique, en la que los tallos se ordenan con simetría alrededor de un eje central.

Arte almohade – Sevilla (ss. XII y XIII)

El puritanismo religioso de esta dinastía árabe se manifiesta en el arte por una gran austeridad y sencillez. Su estilo se caracteriza por la utilización del ladrillo, material pobre, que se realza con una decoración en relieve de factura más amplia (Giralda de Sevilla); aparecen el artesonado y los azulejos; en los arcos desaparece la alternancia de piedra y ladrillo y los arcos de herradura se peraltan o se quiebran; el arco polilobulado se rodea de un festón curvilíneo, como en la Aljafería de Zaragoza. En la decoración caligráfica se admite el empleo de la escritura cursiva al lado de la cúfica.

Arte nazarita – Granada (ss. XIV y XV)

A esta época de decadencia política corresponde un extraordinario refinamiento estético, cuya obra maestra es la Alhambra de Granada, que introduce grandes innovaciones en materia decorativa, ya que no en arquitectura; yeserías o azulejos cubren enteramente los muros. La silueta de los arcos se simplifica (el peraltado es más frecuente) pero a su alrededor se cala un verdadero encaje.

Arte mudéjar

Es el arte realizado por los moriscos, árabes que continuaron trabajando según sus técnicas y tradiciones propias en territorio cristiano ya reconquistado. Se prolonga desde el s. XI al XV según el avance de la Reconquista en las diferentes regiones (Toledo en 1085, Zaragoza en 1118, Sevilla en 1248, Granada en 1492), pero algunos elementos como el artesonado sobrevivirán varios siglos.

Se distingue un mudéjar de corte (en Tordesillas, alcázar de Sevilla, sinagogas de Toledo), prolongación del estilo almohade o nazarita contemporáneo, y un mudéjar más popular.


Arte prerrománico y románico (ss. VIII al XIII)

Arte asturiano

Del s. VIII al X en el reino asturiano se desarrolló un arte de corte muy original y evolucionado, caracterizado por las líneas ascendentes de los edificios. La arquitectura adoptó la concepción de las basílicas, de planta rectangular con tres naves y nártex, arcos de medio punto, gran crucero, cabecera triple y decoración de pinturas murales. Para poder elevar los muros sin dejar por ello de abrir vanos se recurrió al empleo de contrafuertes, de influencia oriental. La decoración interior se reducía en un principio a los motivos orientalizantes de los capiteles o a las “claustrae”, celosías de piedra o yeso caladas. Luego, ganó en riqueza y se encuentran, seguramente aprovechados de construcciones anteriores, capiteles corintios y piramidales además de medallones; por otra parte, los artistas locales crearon un elegante motivo de cuerda, típicamente asturiano, que subraya los arcos y decora capiteles y columnas.

En cuanto a la orfebrería, se conservan varias joyas de gran valor (ss. IX y X) en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.

Arte mozárabe

Es el arte de los cristianos que habían permanecido en territorio árabe después de la invasión y que se vieron obligados a refugiarse en el reino de León a causa de la intransigencia religiosa de que fueron objeto a partir de los ss. IX y X. Conservan las tradiciones bizantinas y visigodas (arcos de herradura), olvidadas ya por el resto de los cristianos libres, y las enriquecen con influencias árabes (cúpulas estrelladas).

Las primeras manifestaciones conocidas de la pintura medieval española son los códices miniados (s. X); estos códices eran copias del Apocalipsis de San Juan redactado en el s. VIII por el Beato de Liébana, de ahí el nombre de Beatus dado a estos manuscritos realizados por monjes mozárabes con muchas influencias árabes (arcos de herradura, trajes)/

Primer arte románico en Cataluña

En el condado catalán, en estrecha relación con Italia y Francia, se introduce en arquitectura a partir del s. XI el estilo románico lombardo, que se mantiene hasta el s. XIII en los valles pirenaicos alejados de las grandes vías de paso.

Las iglesias se caracterizan por su construcción de aparejo irregular, decoración de arquerías ciegas y bandas lombardas, ábsides semicirculares, campanario independiente muy elevado y bóvedas de medio cañón. Los muros internos se decoran con frescos desde los ss. XI y XII; a pesar de estar influenciados por los mosaicos bizantinos (dibujo subrayado por una línea negra, actitudes rígidas, Cristo envuelto en una mandorla), son específicamente españoles los abundantes detalles realistas y expresivos que se inspiran en la vida cotidiana. Los frontales de madera pintada presentan las mismas características.

El románico europeo llega por las rutas jacobeas

El Noroeste de la península se abre a las corrientes culturales europeas durante el reinado de Sancho III el Mayor de Navarra (comienzos del s. XI): se fundan abadías benedictinas y comerciantes franceses se establecen en las ciudades (Estella, Sangüesa, Pamplona). Pero la verdadera apertura al resto de Europa es el trasiego de peregrinos del Camino de Santiago; la fiebre constructora que en esos momentos domina el Occidente cristiano penetra inundando sus rutas y las iglesias que jalonan ese camino fijan un estilo que, aunque abunda en influencias francesas, pronto conquista un carácter peculiar merced a las influencias mozárabes y a la genialidad de los maestros locales.

En Aragón el románico se manifiesta especialmente en la escultura. Los escultores de los capiteles, influenciados por el maestro de San Juan de la Peña, adoptan un estilo cuya falta de naturalismo no debe ser confundido con la torpeza. Los rostros desproporcionados, de ojos prominentes y miradas inexpresivas, muestran una preocupación espiritual y las manos extendidas tienen un sentido religioso inequívoco.

De la arquitectura civil románica, la más representativa es la defensiva: murallas de Ávila, Zamora.

A comienzos del s. XII, la reforma del Císter origina con su doctrina de austeridad un cambio sustancial en la arquitectura, creando el llamado arte o estilo de transición porque anuncia el gótico: empleo de arco apuntado, bóvedas de crucería y ábside cuadrado. La decoración desbordante del románico desaparece. Esta arquitectura cisterciense se plasma en grandes conjuntos monásticos: Poblet, Santes Creus, la Oliva y Santa María de Huerta.

Arte gótico (a partir del s. XIII)

Gótico inicial

En el s. XIII aparecen los primeros edificios verdaderamente góticos (iglesia de Roncesvalles, catedrales de Cuenca y Sigüenza) y los obispos de León, Burgos y Toledo proceden a la construcción de magníficas catedrales encargando los planos al extranjero o haciendo venir a los artistas. Cataluña , Valencia y Baleares tienen características propias menos francesas. Los templos suelen ser de una sola nave muy alta (si hay laterales, son de igual altura que la central), carecen de crucero y se rematan con bóvedas ojivales o con cubiertas de madera sostenidas por arcos torales. Los muros, desprovistos de adornos superfluos, encierran un espacio unificado que realza la pureza arquitectónica.

El gótico de Navarra es tardío y profundamente francés (desde 1234 estaba regida por dinastías galas). El mejor ejemplo es la catedral de Pamplona.

La arquitectura civil reproduce en las Lonjas (Barcelona, Palma, Zaragoza, Valencia) el esquema de los edificios religiosos.

Evolución del gótico

En los ss. XIV y XV penetra en Castillaun gótico más complicado, denominado flamígero. Grandes artistas vienen del Norte: Juan de Colonia , Hannequin de Bruselas . Este arte extranjero se españoliza pronto y evoluciona fragmentándose en dos ramas: una origina por su abundante decoración el estilo isabelino; la otra, en cambio, simplifica las formas estructurales y crea un modelo de iglesia típicamente nacional que perdurará hasta el s. XVI (catedral de Segovia, catedral nueva de Salamanca).

Últimas catedrales góticas

Siguen el modelo de la de Sevilla, la obra más importante del s. XV y optan por la monumentalidad. Las naves laterales, casi de igual volumen que la nave central, amplían el espacio y esbeltos pilares aseguran el movimiento vertical; el antiguo esquema de capillas radiales, girola, presbiterio y crucero se olvida y aparece una planta nueva en forma de amplio rectángulo. La decoración específicamente gótica cubre portadas, pináculos y la complicada trama de bóvedas estrelladas. Este estilo se encuentra en varias catedrales andaluzas.

Pintura

Se manifiesta en los polípticos y los retablos, que alcanzan a veces más de 15 m de altura. Los primitivos pintan sobre fondo oro y muestran influencias italianas (suavidad en el modelado), francesas (el estilo internacional se extiende por España entre 1375 y 1425) y flamencas (riqueza de telas y realismo minucioso). Sin embargo, sus obras manifiestan una búsqueda del naturalismo expresivo y el detalle pícaro, características específicamente

En los estados de la Corona de Aragón, sobre todo en Cataluña, se desarrolla una intensa actividad artística. En los museos de Vic, Barcelona y Valencia se pueden admirar obras de Ferrer Bassá (1284-1348), influenciado por el sienés Duccio; de Ramón Destorrents (1346-1391), su sucesor; de los hermanos Serra , discípulos del anterior; de Luis Borrassà (1360-† después de 1425), que aporta el gusto español por lo pintoresco; de Bernardo Martorell († 1452), que abre paso al paisaje; de Jaime Huguet (1415-1492), notable por su aguda sensibilidad y cabeza de la escuela catalana; de Luis Dalmau y de Bartolomé Bermejo , con influencias de Van Eyck.

En Castilla predomina la influencia francesa en el s. XIV; la italiana en el s. XV y hacia 1450 la del flamenco Van der Weyden. A finales del s. XV, Fernando Gallego es el mejor representante de la corriente hispano-flamenca y Juan de Flandes cautiva por la delicadeza de su pincel.

Escultura

Como la pintura, la escultura también se perfecciona en el gótico. El relieve se acentúa, las actitudes son más naturales, los detalles más minuciosos y, conforme avanza el s. XV, la decoración se hace más abundante. Los rostros se individualizan y llegan a ser verdaderos retratos en las estatuas yacentes. Toda escultura va acompañada de doseletes calados encima de los personajes y de frisos de follaje muy tupido alrededor de las puertas y en las cornisas y capiteles. La influencia francesa, sobre todo en los ss. XIII y XIV, y la germánica, en el s. XV, enriquecen este arte que rápidamente evolucionará hacia el estilo isabelino, creación puramente española.

Las portadas siguen a grandes rasgos el esquema francés. Los sepulcros son primero sarcófagos decorados con blasones y coronados a veces con un yacente con las manos juntas y la expresión serena del último sueño; se cuidan los vestidos del personaje con una técnica cada vez más perfecta. En el s. XV los artistas tienen ya la audacia de representar al personaje en vida, en una postura natural (arrodillado) e incluso desenfadada, como el Doncel de la catedral de Sigüenza. Los retablos se componen de varios pisos divididos en compartimentos esculpidos y rematados con doseles calados. Por último, los coros se adornan con hermosas sillerías en las que se tallan escenas bíblicas o históricas.

Estilo isabelino

La época de los Reyes Católicos (1474-1504) crea un arte propio, transitorio entre el gótico y el Renacimiento, que se caracteriza por la mezcla de elementos flamígeros y mozárabes. Una decoración exuberante cubre toda la fachada de los edificios civiles y religiosos con formas libres y ligeras, motivos heráldicos y múltiples elementos nacidos de imaginaciones desbordantes. Los principales artistas son: Juan Guas (San Juan de los Reyes, de Toledo), Simón de Colonia (San Pablo de Valladolid, Capilla del Condestable en la catedral de Burgos) y Enrique Egas (Capilla Real de Granada).


Renacimiento (s. XVI)

En el s. XVI nuestro país experimenta una fuerte corriente nacionalista y crea un estilo propio en el que el Renacimiento italiano se funde y asimila con el genio hispano.

Arquitectura

Este primer Renacimiento, llamado plateresco por su decoración, fina cual labor de platero, está aún muy cerca del arte isabelino por su profusa ornamentación y sus fachadas cubiertas de relieves, pero toma de Italia el arco de medio punto y el repertorio decorativo (grutescos, medallones, amorcillos, pilastras y cornisas). Salamanca es la ciudad plateresca por excelencia y la fachada de la Universidad la obra más representativa. En Salamanca trabaja Rodrigo Gil de Hontañón (palacios de Monterrey y Fonseca y fachada de la Universidad de Alcalá de Henares). En Burgos el principal artista es Diego de Siloé (escalera de la Coronería). Este último y Alonso de Covarrubias († 1570), que trabajó sobre todo en Toledo (Alcázar y Capilla de los Reyes Nuevos de la catedral), marcan el paso del plateresco al Renacimiento clásico. Andrés de Vandelvira (1509-1576) es el artista del Renacimiento andaluz (catedral de Jaén). Su arte anuncia la austeridad que caracteriza el último cuarto de siglo.

En el Renacimiento, de inspiración italiana, se adoptan las formas de la Antigüedad clásica (arcos de medio punto, columnas, entablamentos, frontones); la decoración pasa a un plano secundario y es sustituida por la perfección arquitectónica. Pedro Machuca († 1550), que estudió con Miguel Ángel, plasma en el palacio de Carlos V de Granada sus conocimientos del clasicismo italiano. Bartolomé Bustamante (1500-1570) crea el Hospital Tavera de Toledo.

La gran figura del clasicismo español es Juan de Herrera (1530-1597). Su arte, austero y grandioso, formará escuela en España y América y puede hablarse de un estilo herreriano. Fue el arquitecto favorito de Felipe II que, viendo en él la severidad que convenía a su labor de contrarreforma, le encargó en 1567 la continuación de las obras del monasterio de El Escorial, su gran realización.

Escultura

El Renacimiento marca el apogeo de nuestra escultura. En el s. XVI todavía se labran muchas sillerías, sepulcros y, sobre todo, retablos de alabastro o de madera. Estos últimos se pintan con la técnica del estofado : una vez dorados, se aplica el color y a continuación se raya para producir reflejos de oro. En lugar de los doseletes y guardapolvos góticos, los compartimentos se encuadran ahora con arquitrabes y pilastras corintias.

Damián Forment (¿1480?-1540), que trabajó sobre todo en Aragón, evoluciona del gótico a las formas propiamente renacentistas. El borgoñón Felipe Vigarny († 1543) y Diego de Siloé , arquitecto formado en Nápoles, trabajaron en la catedral de Burgos. Bartolomé Ordóñez († 1520) estudió en Nápoles y realizó el trascoro de la catedral de Barcelona, los sepulcros de Juana la Loca y Felipe el Hermoso (Capilla Real de Granada) y el del Cardenal Cisneros (Alcalá de Henares).

En el segundo tercio del s. XVI el foco del Renacimiento se traslada de Burgos a Valladolid. El espíritu español ha asimilado ya los elementos extranjeros y surgen los dos grandes escultores del Renacimiento español. Alonso Berruguete (1488-1561), estudia en Italia con Miguel Ángel. Su estilo, próximo al Renacimiento florentino, refleja sin embargo una portentosa personalidad; prefiere la fuerza expresiva a la belleza formal como muestran sus figuras atormentadas ( San Sebastián , Museo Nacional de Escultura de Valladolid).

Juan de Juni († 1577), francés asentado en Valladolid, también refleja la influencia de Miguel Ángel y será el creador de la escuela castellana. Sus esculturas, caracterizadas por la belleza y plenitud de las formas, muestran ya sin embargo un retorcimiento barroco y teatral para expresar el dolor. Muchas de sus composiciones fueron reproducidas después con frecuencia, como la famosa Virgen de los siete cuchillos (Iglesia de las Angustias, Valladolid) y los Santos Entierros del Museo de Valladolid y la catedral de Segovia.

Durante los ss. XV y XVI se realiza la mayoría de las rejas de hierro forjado que cierran las capillas y coros de las iglesias. La familia Arfe –Enrique, Antonio y Juan– labran respectivamente las custodias de Toledo, Santiago y Sevilla, que alcanzan proporciones gigantescas (3 m de altura).

Pintura

La perspectiva, la exaltación del cuerpo humano y el gusto por las composiciones claras aparecen en el s. XVI influenciados por el Renacimiento italiano. Estas formas italianas entran especialmente por Valencia. Allí Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando de Llanos introducen el estilo de Leonardo de Vinci; Vicente Macip añade la influencia rafaelista; su hijo, Juan de Juanes es autor de obras ya ligeramente manieristas. En Sevilla, Alejo Fernández pinta la célebre Virgen de los Mareantes del Alcázar.

El gran maestro castellano de finales del XV es Pedro Berruguete (¿1450?-¿1504?), con su estilo personalísimo, catalizador de todas las influencias sentidas en la península. Juan de Borgoña , su continuador, muestra gran interés por el paisaje y los motivos arquitectónicos y decorativos. Pedro de Campaña , natural de Bruselas, busca el efecto dramático utilizando el claroscuro. Luis de Morales (¿1520?-¿1586?) es un pintor manierista. La espiritualidad que emana de sus obras tuvo una favorable acogida en la religiosidad popular.

A fines del s. XVI Felipe II trae para la decoración de El Escorial a un gran número de pintores italianos o de formación italiana. Durante su reinado se impone el retrato con el holandés Antonio Moro (1519-1576), su discípulo Alonso Sánchez Coello (1531-1588) y Pantoja de la Cruz (1553-1608). En cambio El Greco , menospreciado en la Corte, fija su residencia en Toledo.


Barroco (ss. XVII y XVIII)

El arte hispánico logra su máximo esplendor a mediados del s. XVII. El barroco alcanza un éxito extraordinario como un arte al servicio de la contrarreforma, con un marcado carácter religioso. Las principales manifestaciones tienen lugar en Andalucía.

Arquitectura

En el primer tercio del siglo XVII continúa el clasicismo del siglo anterior y los artistas están muy influenciados por el arte herreriano al que van añadiendo detalles decorativos. Con la creación del estado moderno, los edificios públicos proliferan. La característica más sobresaliente de esta arquitectura civil es la de estar ordenada entre torres angulares rematadas por agudos chapiteles. En Madrid se construye la Plaza Mayor, obra de Juan Gómez de Mora , que comenzó también el Ayuntamiento. Pero el edificio más importante es el actual Ministerio de Asuntos Exteriores, debido a Juan Bautista Crescenzi , también autor del Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial.

En la arquitectura religiosa se observa una mayor libertad y barroquismo. Se extiende en España el tipo de iglesia jesuítica: planta cruciforme con una gran cúpula en el crucero que ilumina los desbordados retablos. Madrid tiene muchos ejemplos: la catedral de San Isidro, obra de los jesuitas Pedro Sánchez y Francisco Bautista ; el convento de la Encarnación, de Juan Gómez de Mora, etc.

A mediados de siglo la austeridad escurialense se relaja y se llega a mover las plantas y las fachadas, a cortar entablamentos y frontones; la basílica de San Miguel (s. XVIII), en Madrid, concebida como un juego de curvas y contracurvas, es un buen ejemplo de este barroco italianizante. En Zaragoza, Francisco Herrera el Joven (1622-1685) crea la basílica del Pilar. Salamanca cuenta con una magnífica obra barroca: la Clerecía, cuyo patio anuncia el barroco recargado y audaz propio de los Churriguera.

El churrigueresco – La exaltación del barroco se va a asociar desde fines del s. XVII a una dinastía de arquitectos, los Churriguera, de los que tomará el nombre. Su estilo, en el que la arquitectura no es más que el soporte de los motivos ornamentales concentrados sobre todo en la fachada, se caracteriza por el empleo de gigantescas columnas salomónicas recubiertas de hojarasca y volutas, estípites y cortinas.

Las primeras obras en las que se observa esta fantasía son el retablo de San Esteban en Salamanca y el palacio de Nuevo Baztán, obras de José de Churriguera (1665-1725). Pero él sólo es el iniciador. Sus hermanos Joaquín (1674-1724) y sobre todo Alberto (1676-1750), autor de la Plaza Mayor salmantina, darán prueba de una mayor libertad. Pedro de Ribera (1683-1742) trabaja sobre todo en Madrid y sobrepasa con mucho el delirio decorativo de los Churriguera. Este arquitecto, que muestra un temperamento herreriano en la capilla de la Virgen del Puerto y en la iglesia de Montserrat, reviste las fachadas del Hospicio, actual Museo Municipal, y del cuartel del Conde Duque con una decoración fantástica y abigarrada, llena de brío y dinamismo, demostrando sin embargo un claro sentido de la composición. El otro gran arquitecto castellano es Narciso Tomé , autor de la fachada de la Universidad de Valladolid (1715) y del Transparente de la catedral de Toledo (1720 a 1732).

Aspectos regionales – El barroco como arte popular se desarrolla en las diferentes regiones con matices distintos y propios.

En Galicia la dureza del material constructivo, granito, poco apta para las esculturas delicadas, origina un estilo cuyo rasgo principal es el juego de líneas muy movidas; el mejor ejemplo es la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago (1750), obra maestra de Fernando de Casas y Novoa .

En Andalucía el barroco alcanza los extremos de la fastuosidad, sobre todo en decoración. El movimiento ondulatorio caracteriza las fachadas de los palacios (Écija), de las catedrales (Guadix) y las portadas de numerosísimas iglesias y casas señoriales (Jerez de la Frontera). El iniciador del barroco andaluz, aún en sus balbuceos, es Alonso Cano , también escultor y pintor, con la fachada de la catedral de Granada. Pero la gran figura es Vicente Acero , que trabajó en la catedral de Guadix (1714-1720), trazó la de Cádiz y construyó la fábrica de Tabacos de Sevilla. Otras figuras interesantes son Leonardo Figueroa (1650-1730), autor del palacio de San Telmo y del Hospital de Venerables Sacerdotes de Sevilla, y Francisco Hurtado (1669-1725) y Luis de Arévalo , artífices respectivos del Sagrario y de la Sacristía de la Cartuja de Granada, los ejemplos más exuberantes del barroco andaluz.

En Levante el barroco busca la policromía utilizando la cerámica para recubrir las cúpulas de sus iglesias (torre de Santa Catalina, Valencia). El palacio del Marqués de Dos Aguas, de Luis Domingo e Ignacio Vergara , recuerda las fachadas de Ribera pero su concepción se acerca más al rococó francés. Murcia aporta la imponente fachada (1749) de su catedral, obra de Jaime Bort .

Pintura del Siglo de Oro

El abandono del manierismo del siglo anterior por la búsqueda del naturalismo caracteriza la pintura del Siglo de Oro español. El punto de partida será el tenebrismo de Caravaggio, con su duro realismo y sus contrastes violentos de luces y sombras. Los pintores avanzan en el arte del retrato y de los bodegones; las naturalezas muertas de tipo mundano (coronas, relojes) plasman una intención filosófica al acercar y contraponer los símbolos de la riqueza y de la muerte.

En Valencia vivieron Francisco Ribalta (1565-1628), introductor del tenebrismo en España y José de Ribera (1591-1652), conocido por su vigoroso realismo.

En Andalucía trabajaron varios de los máximos representantes de la pintura barroca. En la escuela sevillana destacan Francisco Zurbarán : en sus lienzos la luz no es exterior sino que brota de los mismos personajes; Murillo ,cuya pintura aparece llena de ternura, intimidad y misticismo; y Valdés Leal , que representó con escalofriante realismo las vanidades terrenales. Alonso Cano (1601-1667), arquitecto, escultor y pintor instalado en Granada, es autor de tipos femeninos muy bellos.

Los pintores castellanos de esta época como Vicente Carducho (1575-1638) y los retratistas Carreño de Miranda (1614-1685) y Claudio Coello (1642-1693), todos excelentes, palidecen ante el genio asombroso de Velázquez , cuya perspectiva aérea y profundidad visual son inimitables.

Escultura

La escultura barroca española se caracteriza por su naturalismo, que logra plasmar intensas y patéticas emociones en las figuras. El material más empleado es la madera. Aunque se siguen haciendo retablos, la novedad fundamental la constituyen las figuras exentas realizadas especialmente para las procesiones de Semana Santa. Las dos grandes escuelas son la castellana y la andaluza.

El primer centro castellano es Valladolid, donde trabajó Gregorio Hernández (1566-1636), escultor continuador de Juni aunque más natural; su Cristo yacente del convento de Capuchinos de El Pardo fue muy imitado.

Sevilla y Granada son los dos focos principales de la escuela andaluza. En la primera se instala Juan Martínez Montañés (1568-1649); este escultor, que sólo trabajó con madera, es autor de innumerables pasos y de varios retablos. Granada cuenta con un ilustre representante en la persona del polifacético Alonso Cano , célebre por la gracia y feminidad de sus Immaculadas. Su mejor discípulo es Pedro de Mena cuyos modelos, al contrario de las obras serenas de su maestro, reflejan una gran tensión dramática: la Magdalena (Museo de Valladolid), San Francisco (catedral de Toledo), Dolorosa (convento de las Descalzas Reales, Madrid).

El s. XVIII produce en Murcia la gran figura de Francisco Salzillo . Sus tallas, inspiradas en el barroco italiano, se caracterizan por un dramatismo un tanto teatral.

El extremismo churrigueresco se expresó en escultura con immensos retablos. Estas enormes construcciones de madera, mármol y jaspe, la mayoría trazadas por arquitectos, se elevan hasta las bóvedas. Las figuras parecen prisioneras de los elementos decorativos (columnas salomónicas, estípites) y perdidas en la superabundancia de dorados y estucos.


El arte de los Borbones

Al imperialismo de los Austrias sucede en la política del s. XVIII el despotismo ilustrado de los Borbones. A partir de ahora el arte será dirigido y fijado por organismos oficiales como la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Arquitectura

Durante la primera parte del siglo se realizan las últimas obras barrocas, influidas por el rococó francés. Los monarcas construyen palacios en un barroco moderado (El Pardo, Riofrío, La Granja, Aranjuez) y emprenden las obras del Palacio Real de Madrid, inspirado en el modelo francés de Versalles. Estas construcciones alían la armonía clásica de los palacios galos con la gracia italiana –la mayoría fue confiada a arquitectos italianos–, respetando generalmente la planta cuadrada tradicional de los alcázares, tan característicos del espíritu español. Los jardines, muy amplios, se trazan según el gusto francés.

En la segunda mitad del siglo y hasta bien entrado el s. XIX florece el arte neoclásico , que reniega de los excesos barrocos y pretende alcanzar el arte greco-latino utilizando órdenes, frontones, columnatas y cúpulas dentro de la pureza más estricta. En este período los reyes, y en especial Carlos III, se dedican a embellecer la capital construyendo fuentes (Cibeles, Neptuno), jardines (Botánico) y puertas (Alcalá y Toledo).

El primer arquitecto del neoclasicismo español es Ventura Rodríguez (1717-1785). Este artista, formado en el barroco de inspiración italiana, evoluciona pronto hacia el neoclasicismo académico: fachada de la catedral de Pamplona, Paseo del Prado madrileño, Pilar de Zaragoza. Sabatini (1722-1797), que sigue la misma evolución, realiza la Puerta de Alcalá y el edificio del actual Ministerio de Hacienda, de Madrid. La figura más importante es Juan de Villanueva (1739-1811), formado en los cánones clásicos durante su estancia en Roma. A él debemos la fachada del Ayuntamiento de Madrid, la Casita del Príncipe en El Escorial y, sobre todo, el Museo del Prado.

En el s. XIX surgen dos importantes urbanistas: Ildefonso Cerdà (1816-1876) que propone en Barcelona la urbanización del Ensanche o Plan Cerdá, y Arturo Soria (1844-1920), autor del proyecto de la Ciudad Lineal de Madrid.

Pintura

Los Borbones pusieron gran interés en rodearse de los mejores pintores instalándolos en la Corte; en 1752 Fernando VI funda la Academia de Bellas Artes de San Fernando para la enseñanza de las técnicas artísticas según las reglas académicas y el estudio de los maestros italianos. Las principales figuras del siglo son Antonio Rafael Mengs (1728-1779), de Bohemia, y el italiano Juan Bautista Tiépolo (1696-1770), que trabajaron en el Palacio Real. El aragonés Francisco Bayeu (1734-1795) pintó muchos cartones para tapices, como su cuñado Francisco de Goya (1746-1828), cuya gigantesca personalidad domina todo el siglo.

Los pintores posteriores a Goya no continuaron su línea, sobre todo debido a la influencia academicista neoclásica y al romanticismo. La herencia goyesca no sería recuperada hasta finales de siglo. Dentro de esta pintura romántica de tendencia académica destacan Federico de Madrazo , representante del gusto oficial con sus retratos reales y sus escenas históricas, Vicente Esquivel , también retratista, y Leonardo Alenza y Eugenio Lucas , representantes del costumbrismo romántico. El género histórico hace fortuna en este siglo; José Casado del Alisal , Eduardo Rosales y Mariano Fortuny son sus mejores representantes.

El naturalismo de Martí Alsina y los paisajes posrománticos de Carlos de Haes anuncian ya numerosos rasgos impresionistas. Este impresionismo se muestra ya definitivo en Narciso Oller , en Ignacio Pinazo , en Joaquín Sorolla , que gusta de los elementos folclóricos y regionalistas impregnados de una luz deslumbrante, y en Darío Regoyos , cuya crítica enlaza con el tremendismo.

Artes decorativas

Los Borbones crearon manufacturas reales dedicadas a la producción de objetos decorativos para adornar sus palacios. Carlos III fundó en 1760 la fábrica de cerámica del Buen Retiro, donde se realizaron los célebres salones de porcelana del palacio de Aranjuez y el del Palacio Real de Madrid. Esta fábrica desaparecería con la invasión Napoleónica. En 1720, por iniciativa de Felipe V, se crea la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. En ella se realizarán tapices con escenas de El Quijote y otros con cartones de Bayeu y Goya que representan escenas populares (El joven con la guitarra y El pelele).


El arte del s. XX

Modernismo y Vanguardias

El anquilosamiento general que sufrían las artes españolas a finales del s. XIX se rompió en Cataluña con un amplio movimiento cultural denominado modernismo . En arquitectura, actividad modernista predominante, destacan las figuras de Antoni Gaudí y Lluis Domènech i Montaner .

En el dominio de la escultura, Pau Gargallo dará los primeros pasos hacia la escultura moderna, simplificando los detalles para basarse exclusivamente en los volúmenes y utilizando materiales nuevos, tales como láminas de forja.

La pintura de este período fue muy fecunda y variada; entre los numerosos artistas destacan: Ramón Casas , el mejor impresionista español, cuyas obras aparecen envueltas en una atmósfera triste y gris; Santiago Rusiñol ; Isidro Nonell , iniciador del expresionismo en nuestro país, y Picasso.

Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) es la máxima figura de este momento y sus continuas innovaciones y hallazgos llenan toda la historia de la pintura del s. XX. Cultivó en un primer momento el naturalismo académico (Ciencia y Caridad) y posteriormente el modernismo (En el paseo) y el expresionismo social. Más tarde, ya definitivamente instalado en París (1904), evoluciona desde las épocas azul y rosa al cubismo (Las señoritas de Aviñón) , elsurrealismo y el expresionismo (Guernica) , para desembocar en una especie de lirismo totalmente subjetivo y personal (La alegría de vivir).

Hacia los años 1920 surge un movimiento vanguardista de renovación formal en las artes plásticas: aparecen en España el neocubismo y, sobre todo, el surrealismo, que cultivan los escultores Ángel Ferrant , Victorio Macho , Alberto Sánchez y Julio González –que utilizando el hierro simplifica las formas en su intento de lograr un expresionismo abstracto– y los pintores Daniel Vázquez Díaz , Juan Gris, Joan Miró y Salvador Dalí. Juan Gris (1887-1927), que trabajó en París, es el representante más genuino del llamado cubismo analítico. Joan Miró (1893-1983), figura cumbre del surrealismo, se caracteriza por una gran espontaneidad y una mirada profunda que penetra en los objetos cotidianos. Un colorido muy vivo y una serie de símbolos de carácter mágico, constituyen una constante en su obra. Salvador Dalí (1904-1989), también surrealista, ideó su propio método de creación, que él mismo denominó paranoico crítico . También estuvo muy interesado por el mundo onírico y del subconsciente. Toda su obra demuestra una excelente técnica de dibujante.

El arte de la posguerra

La guerra afectó al arte español por dos razones fundamentales: en primer lugar, la marcha de muchos artistas supuso una pérdida cultural y, en segundo lugar, se promovió a nivel oficial un movimiento cuya característica fue la monumentalidad.

La arquitectura evidencia claramente este carácter; los edificios optan por el gigantismo. Siguiendo el estilo escurialense se construyen el Ministerio del Aire, el Museo de América, el Arco de Triunfo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y otros edificios oficiales, todos ellos en Madrid. El ejemplo más claro de este espíritu arquitectónico es el Monasterio del Valle de los Caídos . Sin embargo, ya en esta arquitectura nacionalista surgen algunos innovadores como Miguel Fisac , autor del edificio central del Consejo de Investigaciones Científicas (1942) y auténtico innovador de la arquitectura religiosa (Alcobendas, 1955).

A partir de 1950 puede hablarse ya de los inicios de una nueva arquitectura basada en la funcionalidad y el racionalismo cuyos testimonios pueden encontrarse tanto en Barcelona: edificio de La Vanguardia, de Oriol Bohigas y José Mª Martorell ; casa del carrer Nicaragua, de Ricardo Bofill ; como en Madrid: colegio Monfort, en Loeches, de Fernández Alba; Gimnasio Maravillas, de Alejandro de la Sota ; y Torres Blancas, de F. Javier Sáenz de Oiza .

La escultura y la pintura de la posguerra son fundamentalmente académicas, sobresaliendo entre los numerosos artistas algunas personalidades aisladas como José Gutiérrez Solana , pintor de ambientes angustiosos (La visita del Obispo) ; los paisajistas Benjamín Palencia , exaltador del campo y la luz de Castilla, y Rafael Zabaleta , más preocupado por plasmar al campesino inmóvil en ese campo del que forma parte.

Junto a estas figuras aparecen auténticos vanguardistas; son jóvenes artistas que quieren romper el aislamiento cultural español. La primera manifestación surrealista de posguerra la constituye el grupo “Dau al Set” , integrado por Modest Cuixart , Antoni Tàpies y J.J. Tharrats . Tàpies es un auténtico pionero y uno de los representantes más importantes del informalismo.

Nuevas tendencias

En los años 50 se forman dos grupos artísticos de características diferentes pero con un objetivo común: la innovación artística. Son El Paso , formado en Madrid por Antonio Saura , Manuel Millares , Rafael Canogar , Luis Feito , Manuel Viola y Martín Chirino , representantes de la llamada pintura de acción, y el Equipo 57 , formado en Cuenca por Duart, Ibarrola, Serrano y Duarte, más interesado por el campo del diseño. Dentro de este movimento informalista se inscriben los escultores Eduardo Chillida , que despoja sus obras de cualquier elemento figurativo, Jorge Oteiza y Andréu Alfaro .

Juan Genovés y el valenciano Equipo Crónica , integrado por R. Solbes y M.Valdés, representan el realismo crítico en la última época del franquismo y Antonio López es el impulsor de la corriente realista.

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