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Las fixies se adueñan del asfalto neoyorquino

Las fixies se adueñan del asfalto neoyorquino

Renaud Ceccotti-Ricci - 28-03-2012

Las fixies, esas bicicletas de piñón fijo antiguas o a imitación de las antiguas que empezaron siendo utilizadas por los mensajeros, se han convertido en un auténtico fenómeno de moda entre los neoyorquinos más a la última…

París, Londres, Tokio y, cómo no, Nueva York… Todas las grandes urbes a la vanguardia de las tendencias han sucumbido ya a la locura de las fixies. Pero, ¿de qué se trata en realidad? Coja un cuadro con mucho color, preferentemente antiguo y un engranaje fijo, es decir, un sistema en el que la rueda trasera y los pedales están conectados a través de un único engranaje anclado a la misma rueda. Olvídese de los frenos (se frena haciendo fuerza con los muslos, pedaleando al revés y rezando para no salir disparado por encima del manillar) y estará montado en una fixed gear bike o bicicleta de piñón fijo. Y créanos, el cambio de postura es inmediato.
 
“El fenómeno empezó en los años 70 en San Francisco. Por aquel entonces, los mensajeros jamaicanos con menos dinero se dijeron que si le quitaban a sus bicis las velocidades, los platos, los cambios de marcha y hasta los frenos ahorrarían en mantenimiento”, explica Wilis Johnson, antiguo mensajero que sabe bien los que es pedalear por las calles de Seattle, San Francisco y, en época más reciente, Nueva York…
 
Hoy Wilis está instalado en Brooklyn, en el barrio alternativo de Williamsburg, y en su tienda King Kog –una de las primeras de Estados Unidos especializadas en fixies– recuerda con admiración a aquellos precursores algo locos que se jugaban la vida a piñón fijo.
 
“La moda fraguó y fue adoptada por la mayoría de los mensajeros en bici, prosigue Wilis. Más ligera, más sexy y reservada a los iniciados (las primeras pedaladas en fixie pueden resultar rocambolescas), este tipo de bici no tardó en llamar la atención de los aficionados al pedal. Estos últimos años en concreto el boom ha sido espectacular. Los fabricantes más importantes han olido el filón y han sacado fixies con frenos pero que conservan, eso sí, la estética vintage y algo retro de las primeras fixies.”
 
Otra de las cosas que han cambiado es que comprarse una fixie hoy día no tiene nada de económico. La evolución técnica de los materiales, importados a menudo de Italia o Gran Bretaña, han hecho que los precios se disparen. Hoy hay que calcular unos 1.500 euros para regalarse uno de estos pequeños bólidos.
 
El italiano afincado en Nueva York Francesco Bertelli ha abierto en paralelo a su trabajo su propia web de ensamblaje de fixies y, aunque no renuncie a vender alguna que otra de sus piezas únicas, su principal objetivo es el de ayudar a los aficionados a construirse su propia bici proporcionándoles en línea todos sus trucos. Este aficionado al diseño estima que este tipo de artefacto con pedales no puede ser considerado como una simple bicicleta. “Se trata de una obra de arte”, recalca. Francesco se abastece en diferentes países para ensamblar personalmente sus pequeñas joyas. Un estilo con raza, libre de logotipos y de curvas elegantes y cromadas. Adepto de los manillares originales y de los colores sobrios (lo cual contrasta con el verde manzana y el amarillo canario de numerosas fixies), las obras de Francesco dan ganas de mandar la bici de montaña al trastero. Pero cuidado, aunque las fixies vengan con el subidón de adrenalina garantizado, conviene tener muy en cuenta que más vale tener una buena pedalada antes de sucumbir a sus encantos…
 
 
INFORMACIÓN PRÁCTICA
 
King Kog
455 Graham Avenue
Brooklyn, NY 11222
 
La web de Francisco Bertelli
 
 

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