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Historia

Aquitania, escenario de batallas históricas y objeto de reivindicaciones, cuenta con un pasado turbulento. De las conquistas romanas al reino de los visigodos, de Carlomagno a las invasiones normandas, del duque de Guyena a la Guerra de los Cien Años, de las Guerras de Religión al gobierno de Poincaré de 1914, Aquitania siempre se ha encontrado íntimamente vinculada a la historia de Francia y de Europa.


Una tierra codiciada

Prehistoria

Durante la época del Homo sapiens , entre el 35000 y el 10000 a. C. (Paleolítico superior), el hombre de Cromañón , que se caracterizaba por el gran volumen de su cráneo y su lenguaje articulado, dedicaba una buena parte de su tiempo a la creación de obras artísticas, como atestiguan los dibujos y adornos descubiertos en 1881 en la cueva de Pair-non-Pair , en Gironda. En Las Landas fue hallada la Dama de Brassempouy . Esta venus, que fue esculpida hace más de veinte mil años en marfil de mamut, es la representación de rostro humano más antigua encontrada en el mundo.

De la Edad de los metales al Imperio carolingio

A partir del 1800 a. C., los grandes movimientos demográficos fijan la fisonomía étnica de Occidente. Las poblaciones de los Pirineos atlánticos forman un tronco homogéneo resistente a las influencias externas. Entre el s. VI y el III a. C., los celtas , considerados “los más refinados de los bárbaros”, traen consigo el comienzo de la civilización. La tribu de los Bituriges Vivisci se instaló en un meandro del Garona y creó el puerto de Burdigala , futura ciudad de Burdeos que se convertiría en la capital de Aquitania. El comercio creció y el vino se convirtió en una de las principales actividades económicas de la nueva ciudad.

Pero la conquista de la Galia por parte de Julio César transformó las relaciones establecidas: en el 56 a. C., P. Licinio Craso, legado de César, dirigió dos campañas victoriosas y sometió Aquitania a pesar de la activa resistencia de algunas tribus. Aquitania , cuyo territorio se extendía desde los Pirineos hasta el Loira, se convirtió, bajo la férula de Augusto, en una de las cuatro provincias de la Galia romana. Durante este periodo, la zona se urbanizó, se construyeron vías de comunicación y se crearon administraciones. A partir del s. IV comenzó la entrada progresiva del cristianismo.

Poco antes de la caída del Imperio romano en el 476, Aquitania fue invadida en el 418 por los visigodos , que la incorporaron a su reino de España conservando la cultura latina y el derecho romano escrito. En el 466, Burdeos se convirtió en la capital de un reino ­floreciente que abarcaba desde Gibraltar hasta el Loira. Pero en el 507, Clodoveo I se adueñó de esta Aquitania tan codiciada; los visigodos cayeron en Vouillé y la provincia pasó a formar parte del reino franco. Poco después, a finales del s. VI, los vascones , pueblo ibérico del que descienden los vascos, se expandieron por la región llana, “Gascogne”. Durante todo el período merovingio, Aquitania siguió siendo un ducado independiente gobernado por diferentes parientes de los soberanos, a pesar del intento de Dagoberto I , en el 630, de crear un reino aquitano.

Un siglo después fueron los árabes quienes intentaron invadir la región: Burdeos fue incendiado y numerosas ciudades, arrasadas. Si bien Carlos Martel detuvo el avance de los árabes en Poitiers, en el 732, Carlomagno necesitó varios años para hacer retroceder a los musulmanes hasta los Pirineos. En el 778 tiene lugar la célebre Batalla de Roncesvalles , narrada en La canción de Roldán , en la que la retaguardia de Carlomagno fue arrasada no sólo por los árabes, sino también por los vascones. Para someter a estos últimos, Carlomagno creó, ese mismo año, para su hijo Luis I el Piadoso , un reino de Aquitania bajo la autoridad del rey franco. Desde ese momento, Aquitania pasó por las manos de diferentes soberanos carolingios, que tuvieron que luchar contra las invasiones de los normandos , que destruyeron Burdeos en el 848. En el año 877, Aquitania pasó a ser de nuevo un ducado gobernado por Luis II de Francia , antes de unirse, dos siglos más tarde, al ducado de Gascogne (1058). El título de duque vuelve a la dinastía de Poitou representada, sobre todo, por el príncipe trovador Guillermo IX de Aquitania , abuelo de Leonor de Aquitania.

Aquitania y la Guerra de los Cien Años

Las dos bodas de Leonor de Aquitania marcaron un antes y un después en la historia de la provincia y de toda Francia. En 1137, Leonor, que acababa de heredar el vasto ducado de Aquitania tras la muerte de su padre, se casó con el futuro Luis VII de Francia . Ese mismo año, al morir Luis VI el Gordo, ascienden al trono de Francia. Esta unión matrimonial auguraba la vuelta de Aquitania al reino de Francia, pero la pareja real se separa y en 1152 se produce la anulación del matrimonio. Poco después, Leonor se casa con Enrique II de Plantagenet y deja Aquitania en manos del heredero de la dinastía angevina que reinaba en Inglaterra en ese momento.

Las consecuencias no se hicieron esperar: dos años más tarde, en 1154, la corona de Inglaterra volvió a Enrique II y Francia se vio rodeada por las posesiones de su vasallo inglés. Hasta el s. XV, Aquitania seguirá siendo objeto de disputas entre las dos potencias. Confiscada a Juan sin Tierra por Felipe Augusto en 1204, Aquitania volvió a manos de los ingleses mediante el tratado de París , firmado por San Luis en 1259. El acuerdo fue cuestionado en diferentes ocasiones y las tropas reales invadieron Guyena en 1296 y en 1324. Este período quedó marcado por la fundación de las fortalezas, ciudades nuevas.

La Guerra de los Cien Años estalló en 1337, cuando Eduardo III de Inglaterra anuncia su pretensión de hacerse con la corona de Francia. En 1356, su hijo, apodado el Príncipe Negro, capturó al rey de Francia Juan II el Bueno y pidió como rescate plenos derechos sobre Aquitania. En 1360 se salió con la suya en el Tratado de Brétigny , tras el cual Francia cedió de nuevo Aquitania a los ingleses, a cambio de la renuncia del Príncipe Negro al trono de Francia. En 1380, les tocó a los ingleses someterse a la fuerza francesa, pero conservaron Burdeos y Bayona. Francia recuperó definitivamente Aquitania en la batalla de Castillon , en 1453, que marcó el fin de la Guerra de los Cien Años.

La anexión de Béarn a la corona de Francia

Situado en la parte pirenaica, Béarn, vizcondado vasallo de Aquitania desde el s. IX, compartió los avatares de la provincia hasta que en 1290 se unió al condado de Foix, tras una breve anexión a la corona de Francia debido al matrimonio, en 1284, de Juana de Navarra con Felipe IV el Hermoso. Gaston III Febus , gran señor local, proclamó la independencia de Béarn y apartó a la región de la Guerra de los Cien Años. Con la unión de Catalina de Navarra y Juan de Albret en 1484, los Albret, desde entonces “reyes de Navarra”, pasaron a tener una gran influencia en los Pirineos gascones. Pero, en 1512, fueron desposeídos por Fernando el Católico y tan sólo conservaron la región situada al norte de los Pirineos (Baja Navarra). Juana de Albret , reina de Navarra de 1555 a 1572, casada con Antonio de Borbón, quiso mantener la independencia de sus estados respecto a Francia y España y, durante las Guerras de Religión , impuso el calvinismo en Béarn. Su lugarteniente Montgomery y Blaise de Monluc, por la parte católica, llevaron a cabo grandes atrocidades. En 1594, el hijo de Juana de Albret y Antonio de Borbón, Enrique IV , rey de Francia y de Navarra, anexionó Béarn a la corona. Finalmente se instauró la paz religiosa gracias a la promulgación del Edicto de Nantes por el mismo Enrique IV. En 1620, la independencia de Béarn se relega definitivamente con la proclamación del Edicto de Unión dictado por Luis XIII. La revocación llevada a cabo por Luis XIV en 1685 del edicto de Nantes ocasionó numerosas persecuciones contra los protestantes, ejecutados por los dragones del rey, y permitió cimentar la autoridad real en la provincia.

El auge de Burdeos, nacimiento del pirineísmo

En el s. XVII, los señores de Navarra afirman su autoridad frente al poder real en casi toda la Guyena con la construcción de fortalezas defensivas (como el castillo Trompette, en Burdeos, o la ciudadela de Blaye). La Fronda fue muy activa en Gironda: en 1649, Burdeos se proclamó república autónoma con el apoyo de los ingleses. Las Guerras de Religión y las luchas por el poder de los ss. XVI y XVII provocaron escasez y epidemias en Aquitania.

A principios del s. XVIII se inicia una recuperación: las ciudades experimentaron un fuerte crecimiento y su número de habitantes se multiplicó por dos y por tres. De 1743 a 1757, Tourny , intendente de Guyena, dio un impulso decisivo al desarrollo económico de Burdeos. En vísperas de la Revolución Francesa, el Bassin Aquitain ya se consideraba como una de las regiones más prósperas de Francia, sobre todo debido al desarrollo de los grandes viñedos y del comercio colonial y marítimo. El s. XVIII es testigo del apogeo de Burdeos, bajo la égida de su Parlamento. En 1754, la tesis de Théophile de Bordeu sobre las aguas minerales de Aquitania impulsó la especialización de los balnearios y el desarrollo del termalismo. El Segundo Imperio es un período de esplendor para las estaciones termales de los Pirineos centrales. Por otro lado, se acondicionaron las costas: en 1786, el ingeniero Brémontier presentó su proyecto de fijación de las dunas y de saneamiento de los pantanos mediante la plantación de pinos en Las Landas.

En el s. XIX, el desarrollo de los ferrocarriles trajo consigo la consagración de la costa atlántica como lugar para el turismo de playa; el tren llegó a Burdeos en 1852 y el turismo se disparó. Sin embargo, la costa landesa aún está por explorar. Por ello, en 1905, el periodista bordelés Maurice Martin decidió realizar una expedición de descubrimiento de los lugares que más tarde hará célebres con el nombre de “Costa de Plata”. El éxito turístico de la región se debió en gran parte a la viticultura. La primera clasificación de vinos , esbozada en 1725, incluyó Haut-Brion, Marguaux, Lafite y Latour. En 1855, a petición de Napoleón III y con vistas a la Exposición Universal de París, se amplió con la clasificación de los grandes caldos de Médoc.

Aquitania apenas se benefició del desarrollo industrial y siguió siendo agrícola ante todo. Además, en el s. XIX tuvo lugar una emigración masiva de bearneses a los Estados Unidos.

La Aquitania contemporánea

En 1914, ante la ofensiva alemana, el presidente Poincaré , el Gobierno y las Cámaras se instalaron temporalmente en Burdeos, al igual que hizo el Gobierno de Gambetta en 1870 durante la guerra franco-prusiana. Lo mismo ocurrió en 1940, antes de que el Gobierno de Pétain se trasladara a Vichy.

Aquitania se convirtió en una región productora de energía, particularmente gracias al descubrimiento de un yacimiento de gas en Lacq en 1951 y al comienzo de la explotación del petróleo en Parentis en 1954. Más de setenta años después de la apertura del túnel ferroviario de Somport, en 1928, ahora ya es posible atravesar los Pirineos por carretera, desde la apertura de un túnel en 2003.


Personalidades de la región

Leonor de Aquitania

Nació en torno a 1122 y fue la hija mayor de Guillermo X de Aquitania. En 1137, cuando sólo contaba 15 años de edad, la muerte de su padre, su enlace con el futuro Luis VII y la muerte de su suegro Luis VI la convirtieron en duquesa de Aquitania y reina de Francia. Diez años más tarde, tomó parte en la Segunda Cruzada. De vuelta a Francia, Luis VII y Leonor se separan a pesar del nacimiento de su segunda hija. Leonor obtuvo la anulación del matrimonio bajo el pretexto de un parentesco demasiado próximo (primos de noveno grado). Sin demoras, se casó con Enrique Plantagenet , heredero de Normandía y de Anjou, así como del reino de Inglaterra, donde empezó a gobernar muy pronto bajo el nombre de Enrique II. Leonor trajo entonces al mundo ocho hijos: el tercero fue Ricardo Corazón de León (1157) y el último, Juan sin Tierra (1166). Tras algunos años junto a su esposo, tanto en Normandía como en Inglaterra, se retiró a Poitiers, en su ducado de Francia, donde se rodeó de una brillante corte. Leonor fue arrestada y encarcelada por Enrique II durante casi quince años por instigar un complot que enfrentaba a su marido contra dos de sus hijos. Tras la muerte de su esposo, en 1189, la reina, que fue liberada por su hijo Ricardo, se apresuró a que éste fuera coronado antes de su partida a las cruzadas. Leonor asumió el poder durante la ausencia de su hijo y defendió el trono ante los intentos de usurpación de Juan sin Tierra. A la vuelta de Ricardo, Leonor se retiró a la abadía de Fontevrault. En 1199 negoció con un Ricardo moribundo la subida al trono de su hermano Juan sin Tierra. Antes de morir en Fontevrault el 31 de marzo de 1204, partió a Castilla, donde su hija Leonor reinaba junto a Alfonso VIII: su último acto político fue llevar a su nieta Blanca para unirla con el futuro Luis VIII, cuyo hijo San Luis anexionaría Aquitania a Francia.

Gaston III Febus

El más famoso de los condes de Foix y vizcondes de Béarn es Gaston III (1331-1391), quien adoptó, hacia 1360, el apodo de Febus, que significa “el brillante” o “el cazador”. Su lema era “toques-y si gauses” (tócalo si te atreves). Fue un político sagaz que ejercía un poder absoluto y despreciaba los “fueros” que él mismo había jurado. Era letrado, poeta y se rodeaba de escritores y trovadores, pero, al mismo tiempo, brutal y sin escrúpulos: hizo asesinar a su hermano y mató a su hijo único durante una discusión. Al volver de una cacería, murió a consecuencia de una hemorragia cerebral.

La Margarita de las Margaritas

Gracias a la protección de los reyes de Francia y a la sucesión de matrimonios de conveniencia, los Albret , pequeños nobles landeses, poseen en el s. XVI el condado de Foix, el de Béarn y la Baja Navarra. Enrique de Albret se casó con Margarita de Angulema , hermana de Francisco I, en 1527. La belleza, la inteligencia y la bondad de Margarita de Navarra serán alabadas por los poetas. Ésta aprovechó su influencia sobre su hermano para proteger a las mentes demasiado libres y a los innovadores religiosos (Clément Marot, Calvino…). En 1542 comenzó la composición de una selección de cuentos galantes siguiendo la línea de los fabliaux llamada el Heptamerón , que no llegó a terminar. Su castillo de Pau, donde se celebraban fiestas y bailes, se convirtió en uno de los grandes centros de actividad intelectual de Europa.

La ruda Juana de Albret

De Margarita de Navarra se decía que tenía “cuerpo femenino, corazón de hombre y cabeza de ángel”. Su hija, Juana de Albret, no suscitó el mismo lirismo: “Lo único que tiene de mujer es el sexo”, decía crudamente uno de sus contemporáneos. Su matrimonio con Antonio de Borbón , descendiente de Luis IX de Francia, permitió a su hijo (futuro Enrique IV) recibir la herencia de los Valois al extinguirse esta dinastía con Enrique III. Juana se convirtió en reina de Navarra al morir su padre y abjuró del catolicismo para instaurar la religión reformada. Para asegurar el futuro de su dinastía y de su religión, consiguió casar a su hijo Enrique con Margarita de Valois , hija de Catalina de Médicis y de Enrique II. Murió en París en 1572, dos años después de las nupcias de su hijo.

“Lou nouste Henric”, el gran bearnés

Enrique de Navarra, futuro Enrique IV , nació en Pau el 13 de diciembre de 1553. Se dice que el abuelo Albret le frotó primero los labios con un diente de ajo y después se los humedeció con un poco de vino de Jurançon. Seguidamente, antes de depositar al niño en la concha de tortuga que le serviría de cuna, lo mostró al pueblo exclamando: “He aquí el león alumbrado por la oveja de Navarra”. Respondía así a las palabras insolentes con las que se recibió el nacimiento de su madre: “¡Milagro!, la vaca ha parido una oveja”. El joven Enrique pasó los primeros años de su vida en el castillo de Coarraze, entre Pau y Lourdes. A los 12 ó 13 años, Enrique abraza oficialmente la religión reformada. Seis días después de su boda con Margarita de Valois, estalla la Matanza de San Bartolomé (1572). El joven esposo tuvo que abjurar para escapar de la muerte. Enseguida volvió a la religión reformada hasta la abjuración solemne que precedió su llegada al trono (1589). Para moderar el espíritu de independencia de sus bearneses, Enrique IV tomó el título de “rey de Francia y de Navarra”. En 1620, Luis XIII integrará definitivamente Béarn a la corona.

Michel de Montaigne

El joven Montaigne, nacido en 1533 en el castillo de Montaigne, en Périgord, hijo de ricos negociantes ennoblecidos, aprendió latín desde muy temprana edad. Con seis años entró en el colegio de secundaria de Guyena, lugar destacado del humanismo bordelés. Tras realizar estudios de Derecho, se convirtió en magistrado, primero en Périgueux y más tarde en el Parlamento de Burdeos, donde entabló amistad con étienne de La Boétie. En 1570, abandonó el cargo para dedicarse a la administración de sus propiedades y, sobre todo, a la escritura de los Ensayos , publicados por él mismo en Burdeos. Montaigne emprende entonces un gran viaje por Europa y frecuenta diferentes estaciones termales para curar sus cálculos vesicales. En junio de 1581, mientras pasaba una temporada en el balneario de Lucques, Montaigne recibió una carta de los magistrados municipales de Burdeos en la que le anunciaban su elección como alcalde. Durante sus dos mandatos, hasta 1586, Montaigne tuvo que recurrir a una hábil diplomacia para impedir que la ciudad cayera en el caos de las Guerras de Religión. Montaigne, abatido a causa de su enfermedad vesicular, murió el 13 de septiembre de 1592. Su corazón fue depositado en la iglesia de St-Michel y su cuerpo enterrado en la iglesia de los Feuillants, en Burdeos.

Artistas

Aquitania ha inspirado tanto a los aquitanos de nacimiento como a los de adopción, como se demuestra en los numerosos museos, algunos de primer orden, donde podrá admirar obras de artistas relacionados con la región por su biografía o por sus fuentes de inspiración.

El Museo de Bellas Artes de Burdeos dedica una pequeña sala a Odilon Redon (1840-1916): natural de la ciudad, pasó una parte de su infancia en la finca de Peyrelade, cerca de Listrac, en Médoc. En estos campos, el artista realizó los primeros carboncillos de su infancia en los que aparecen paseos campestres, viñas y bosques. Volvía regularmente a este lugar tras instalarse en París. El museo también acoge algunos lienzos de los pintores bordeleses Pierre Lacour (1745-1814), que fue su fundador, y André Lhote (1885-1962). Este pintor cubista, teórico y crítico de arte, que cursó sus estudios en el Bellas Artes de Burdeos, es también el autor de las pinturas murales de corte modernista de la Facultad de Medicina de esta ciudad (1957). No muy lejos, en Gradignan, se encuentra el priorato de Gayac que recrea el universo de otro pintor bordelés incomprendido, Georges de Sonneville (1889-1978).

La Escuela de libourne se desarrolló a finales del s. XIX en torno a las figuras del romántico Théophile Lacaze, de Jeanne-Louise Brieux y, sobre todo, de René Princeteau (1848-1914), cuyos lienzos se exponen en el Museo de Bellas Artes de Libourne. Este artista sordo y mudo, descendiente de una familia rica de Libourne, tuvo mucho éxito entre la sociedad mundana parisina gracias a su talento para pintar escenas ecuestres; sus otros temas predilectos giran en torno a la caza, las escenas militares y la vida rural. Fue amigo y el primer maestro de Toulouse-Lautrec (1864-1901), a quien animó para que se dedicara a la pintura y acogió en sus inicios en su taller parisino. Toulouse-Lautrec pasó muchos de sus veranos en la región y más tarde, hasta el final de sus días, en el castillo de Malromé (propiedad adquirida por su madre, al sur de Burdeos), así como en Arcachon y Taussat, en la costa.

El precioso Museo de Bellas Artes de Agen muestra obras decorativas realizadas por artistas oriundos de la región y cuenta con lienzos de Goya (1746-1828), quien pasó el final de su vida exiliado en Burdeos, donde falleció. Asimismo, hay que resaltar su fondo de cuadros impresionistas, entre los que destacan los del artista rumano Grigorescu (1838-1907).

El Museo de Bellas Artes de Pau mezcla con habilidad obras antiguas y contemporáneas, lienzos de grandes maestros y de artistas locales o regionales. En él se expone El nacimiento de Enrique IV (1827), con el que logró el éxito Eugène Devéria (1805-1865), uno de los principales representantes del movimiento romántico francés en la pintura que se instaló en Pau. También pueden verse cuadros de su alumno Victor Galos (1828-1879), nacido en Pau, cuyos paisajes, de corte preimpresionista, recogen la belleza de los Pirineos.

En Mont-de-Marsan se encuentra el Museo Dépiau-Wlérick, que alberga una importante colección de esculturas modernas figurativas, entre las que destacan las de Charles Despiau (1874-1946) y Robert Wlérick (1882-1944), nacidos en esta ciudad. Asimismo, podrá admirar obras de estos artistas y de otros en las calles de la ciudad. El museo dedicado a Georgette Dupouy (1901-1992), en Dax, le permitirá descubrir a este pintor que fue injustamente infravalorado y que vivió en esta ciudad termal.


Peregrinos de Santiago de Compostela

Aún hoy, el Camino de Santiago, de varios siglos de antigüedad, consigue reunir a numerosos peregrinos.

El apóstol

Santiago vino de Palestina para evangelizar España. Según la leyenda, su cuerpo fue enterrado en el monte Libradón, que posteriormente sería Santiago de Compostela, donde hoy se venera. El apóstol, tras ser canonizado, se convirtió en el patrón de los cristianos y símbolo de la Reconquista.

El peregrino

La práctica de las peregrinaciones a lugares remotos, como la de Santiago de Compostela, hacía que aparecieran en los pueblos viajeros, muchas veces andrajosos, que eran temidos por las autoridades locales y que transmitían relatos que conseguían despertar la imaginación popular. Su ropa se parecía a la de los viajeros de la época, pero además llevaban un gran cayado (bordón) y las insignias de la peregrinación: concha y medalla. Sus pertenencias consistían en una gran capa, una esclavina, una talega, una cantimplora, unos cubiertos, una escudilla y una caja de lata que contenía los papeles y los salvoconductos. A su regreso, el peregrino era considerado una persona importante. Las cofradías de Santiago contaban con una capilla particular en las iglesias; éstas constituían hermandades y conservaban los informes del viaje.

El camino de la fe

Durante la Edad Media, la tumba de Santiago el Mayor atrajo a España una masa considerable de peregrinos. La devoción que suscitaba era tan fuerte que Santiago de Compostela se convirtió en un excepcional punto de encuentro. Desde la primera peregrinación francesa llevada a cabo por el obispo de Puy en el 951, millones de devotos han recorrido el Camino para ir a venerar las reliquias del apóstol partiendo de las ciudades en las que se reagrupaban los peregrinos de toda Europa como París, Vézelay, Le Puy, Autun y Arles.

Una completa red de hospederías facilitaba el viaje y aseguraba el alojamiento, además de mantener la buena salud espiritual, de los peregrinos que recorrían los principales itinerarios. Estos itinerarios convergían en la Baja Navarra, concretamente en Ostabat, antes del paso de los Pirineos. St-Jean-Pied-de-Port era la última etapa antes de la ascensión hacia el puerto fronterizo. Los peregrinos llegaban a Roncesvalles por la ruta de las alturas, sección de la antigua calzada romana que unía Burdeos con Astorga. Cada peregrino llevaba una cruz de hojarasca que él mismo se había fabricado antes de la subida. Al terminar la primera escalada, en el puerto de Cize (Ibañeta), junto a la Cruz de Carlomagno, el peregrino oraba, cantaba y colocaba su cruz. La campana de la ermita vecina sonaba cuando caía la niebla y durante una parte de la noche para orientar a los que se perdían.

Con el paso de los siglos, la fe de los peregrinos de Santiago se fue atenuando. Surgieron bandas de coquillards, falsos peregrinos unidos por el lucro y el bandolerismo, de los que formaba parte el poeta François Villon . Con las Guerras de Religión, el protestantismo y el jansenismo, la mentalidad cambió y creció la desconfianza popular que veía al peregrino como un aventurero o un estafador. En el s. XVI las peregrinaciones se enrarecen y en el s. XVIII quienquiera que quisiera dirigirse a Santiago de Compostela debía conseguir una fe de bautismo legitimada por la autoridad policial, una carta de recomendación de su cura, también legitimada, y un formulario debidamente cumplimentado de su obispo. Desde hace veinte años, los peregrinos han vuelto tomar la ruta jacobea.

Para obtener más información acerca de los cuatro itinerarios, consulte www.caminodesantiago.com.es

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