Mathilde Giard - 08-05-2012
El museo dedicado a Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901), instalado en el palacio de la Berbie, ultima su metamorfosis tras diez años de trabajos. Este museo situado en el corazón de la tierra natal del pintor francés es el principal punto de encuentro de quienes admiran su obra.
Y decir que la madre del artista, la condesa Adèle de Toulouse-Lautrec, tuvo que llamar a la puerta de no pocos museos hasta encontrar quien se quedara con el fondo de taller de su hijo… Dicho fondo se componía de más de mil dibujos, litografías, pinturas y carteles, un cuarto de la producción del artista que inmortalizó la vida frívola del Montmartre de la Belle Époque antes de morir en 1901, a la edad de 36 años, devastado por la sífilis y el alcohol. Si París y su museo del Luxemburgo rehusaron el ofrecimiento de la madre, Albi, ciudad natal del descendiente de los condes de Toulouse, lo aceptó sin vacilar.
Quiso la suerte que el palacio de la Berbie, justo al lado de la catedral de Santa Cecilia (donde recibió las aguas el pequeño Henri), estuviera vacante. Fue así como en 1922, la antigua residencia episcopal propiedad del departamento se convirtió en el museo Toulouse-Lautrec. Noventa años más tarde, la fortaleza medieval ha sido sometida a una metamorfosis total. “Ya era hora: el edificio estaba maltratado, sin verdadera museografía, la cristalera se llovía… Véanlo ahora reinventado”, dice con alegría Danièle Devynck, la conservadora del museo. Las obras, con un presupuesto de 33 millones de euros, han durado diez años durante los cuales el lugar ha permanecido abierto al público. Estas obras han servido asimismo para sacar a la luz elementos que permanecían ocultos, entre ellos el suelo de la sala donde en el s. XIII se reunía el tribunal de la Inquisición encargado de combatir la herejía cátara y unos techos pintados de finales del s. XV en una de las galerías.
Un nuevo óleo sobre cartón: La Modista
En las paredes de las salas renovadas puede verse el conjunto de 31 carteles de Henri de Toulouse-Lautrec dedicados a estrellas de la época como el cantante Aristide Bruant o la bailarina de cancán La Goulue. La sala consagrada a los prostíbulos expone el famoso Salón de la rue desMoulins y la deliciosa Mujer poniéndose una media (el preferido de Danièle Devynck). Los bancos rojos son una alusión a la atmósfera de esta bohemia parisina a la cual el artista puso un toque de humanidad. Una nueva adquisición, La Modista, de pie, se añade al busto ya existente. Destacan asimismo el único lienzo pintado en Albi, El viaducto de Castelviel, visto desde la ventana de su habitación de niño, y su última obra firmada y fechada: Un examen en la facultad de París, de 1901.
La casa natal de Henri de Toulouse-Lautrec se encuentra en el recinto de la ciudad episcopal, declarado patrimonio de la humanidad en 2010. Los incondicionales continuarán la peregrinación yendo hasta el pueblo de Lautrec, cuna de la familia y rodeado por los campos de ajo del Pays de Cocagne. Luego podrán seguir hasta el Château du Bosc, en el contiguo departamento de Aveyron, donde el joven aristócrata pasaba sus vacaciones. Su sobrina bisnieta Nicole Tapié de Céleyran enseña la pared donde se medían los niños y las marcas que fueron dejando. Las de Henri no pasan de 1,52 m. Dos fracturas en los fémures de ambas piernas pararon el crecimiento del adolescente, que era de constitución ósea débil debido a la consanguinidad de sus padres, primos hermanos. Su inmovilización durante largos meses le hizo descubrir la pintura. Más de un siglo después de su muerte, este artista que figura entre los más cotizados del planeta ha encontrado un marco digno de sus obras.
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Tras los pasos del artista
Dónde comer
En el restaurante Le Lautrec, acondicionado en las antiguas caballerizas del padre del pintor, situadas frente a la casa natal (cerrada al público). No deje de probar el tartouillat de manzana, postre creado por el pintor, muy aficionado a la cocina.
13-15, rue Toulouse-Lautrec
81000 Albi
Otra opción, el restaurante estrellado de la ciudad, L’Esprit du Vin (una estrella Michelin), llevado por el chef David Enjalran.
Dónde alojarse
En el Château de Salettes (cuatro estrellas), en pleno viñedo de Gaillac, antigua propiedad de Hugues III de Toulouse-Lautrec: habitación doble desde 150 € (
www.chateaudesalettes.com/). Interesante paseo a pie hasta el cercano castillo de Mauriac, antigua propiedad de un primo de Henri de Toulouse-Lautrec, Alexis Tapié de Celeyan, adquirido y restaurado por un pintor contemporáneo de la zona, Bernard Bistes (
www.chateaudemauriac.com/).
Novedades
En mayo, el anticuario de Albi Dominique Miraille abre en la ciudad episcopal un museo dedicado a la moda. Éste ocupa parte del antiguo convento des Annonciades, construido entre los ss. XIII y XVII. Entre los cientos de prendas expuestas se pueden ver el redingote y la camisa de cuello alto que llevaban los hombres en tiempos de Lautrec.
Museo de la Moda
17, rue de la Souque
81000 Albi