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Religiones y comunidades

París no se pobló en una hora. Esta abigarrada capital de 2.153.600 habitantes, situada en el centro de un área metropolitana de casi diez millones de personas, se formó como consecuencia de múltiples movimientos de población: invasiones, guerras y revoluciones, provincianos que se trasladaron para estudiar o buscar trabajo en París, inmigrantes de todos los orígenes geográficos y de todas las religiones llegados con la esperanza de conseguir una vida mejor. Todos acabaron por integrarse en París, por convertirse en parisinos, cada uno a su manera, modificando el carácter de la ciudad, transformando algunos barrios y aportando sus costumbres y sus modos de vida.

París se convirtió así en un mosaico religioso. No se trataba de nada nuevo, pero este fenómeno ha adquirido mayor amplitud en los últimos cincuenta años. El catolicismo, que hasta entonces era mayoritario frente a las confesiones judía y protestante, a pesar de que está experimentando un retroceso debido al aumento del ateísmo desde hace dos siglos, vio cómo su dominio se veía progresivamente afectado por el crecimiento de los cultos tradicionales de la inmigración africana y asiática: el Islam en primer lugar, pero también el budismo y el hinduismo. La elaboración de cualquier estudio sobre las religiones existentes en París se enfrenta siempre a un importante problema estadístico, porque no existen estudios globales sobre la capital y sólo se dispone de estimaciones aproximadas que afectan más al área metropolitana que al área urbana, y que en ocasiones asimilan determinadas comunidades étnicas a comunidades religiosas. En cualquier caso, más allá de las cifras basta con dar un paseo por París para percibir el peso de la historia y las transformaciones que se están produciendo.


París bien vale una misa

Desde su cristianización en el s. III, la capital de la “hija mayor de la Iglesia”, de la que Enrique IV dijo que bien valía una misa, estuvo siempre marcada por el catolicismo . Es la religión mayoritaria de los parisinos, a pesar de que no exiten datos precisos y aunque hay una inmensa mayoría de ciudadanos bautizados y una pequeña minoría de practicantes habituales. El catolicismo está omnipresente en el paisaje parisino. Las campanas sólo suenan de vez en cuando, pero las siluetas de los campanarios siguen dominando la ciudad. En París abundan las iglesias, de variados estilos arquitectónicos, que los fieles tienen que compartir con los turistas. En el centro histórico se encuentran las construcciones más antiguas, como la catedral de Notre Dame, en la isla de la Cité (s. XII), y en los barrios periféricos las más recientes, como el Sagrado Corazón (s. XIX), aunque la realidad es algo más compleja.

Por otra parte, los católicos disponen de una gran red de enseñanza confesional : los 110 establecimientos privados concertados cuentan con más de 70.000 alumnos de enseñanza infantil, primaria y secundaria, es decir, el 21% de la población escolarizada en París.

Las fiestas católicas siguen marcando el ritmo de la vida parisina, empezando por las de Navidad , durante las cuales las calles brillan con miles de luces (aunque, en un alarde de laicismo, se celebra tanto el Año Nuevo como el nacimiento de Cristo). En esa época, los mercados de Navidad , con sus casetas de madera decoradas a base de guirnaldas de colores, se multiplican por toda la capital (St-Germain-des-Prés, Montparnasse, St-Lazare, La Défense). Hay abetos, motivos decorativos, nacimientos, santones y regalos de todo tipo para preparar como es debido la tradicional fiesta de Navidad.

A pesar de lo dicho, el catolicismo parisino no es un bloque monolítico, puesto que se caracteriza por la presencia de múltiples ritos (copto, caldeo, greco-melquita, maronita, rumano, ruso y siriaco) y celebraciones en diferentes idiomas.


Las otras confesiones cristianas

Se calcula que los protestantes que viven en la región parisina son entre 150.000 y 200.000. Descienden de las comunidades protestantes instaladas en París desde hace siglos, son consecuencia de movimientos migratorios más recientes, pertenecen a comunidades europeas o americanas que viven provisionalmente en la capital por motivos profesionales, o pertenecen a países africanos y han llegado para trabajar. Los cerca de veinte templos de la capital reflejan dicha diversidad.

Los ortodoxos son también entre 150.000 y 200.000. Llegaron en los ss. XIX y XX procedentes de Rusia, Grecia y Yugoslavia. Viven sobre todo en los distritos VIII, XV y XVI y poco a poco han creado sus propias parroquias que dependen de sus patriarcas de origen. Las iglesias ortodoxas de París, como la catedral de St-Alexandre Nevski y la iglesia de St-Séraphin de Sarov, celebran magníficas ceremonias litúrgicas en un entorno de bulbos dorados, frescos, e iconos.


La comunidad judía

La comunidad judía se implantó en París en el s. VI, pero durante mucho tiempo fue más tolerada que aceptada, de modo que su integración pasó por muchos altibajos. En la Edad Media su historia fue una sucesión de confiscaciones y expulsiones (1182 y 1306). En el s. XIX, la inmigración procedente de la Europa central y oriental, los judíos askenazíes que huían de los pogromos, se multiplicó por dos. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el conjunto de la comunidad contaba con 300.000 miembros en el área metropolitana, más de la mitad de los cuales vivían en París. Durante la guerra, más de 50.000 judíos, parisinos o extranjeros refugiados en la capital, fueron deportados y exterminados por los nazis. Desde los años 1960 la comunidad se ha reforzado y diversificado con la llegada de judíos sefardíes del norte de África que han aportado sus personalísimas tradiciones religiosas, culturales y lingüísticas.

La comunidad judía, muy integrada en el conjunto de la población parisina, está diseminada por toda la capital, aunque en algunos distritos, en particular el II (el Sentier), el IV (el Marais, alrededor de la calle des Rosiers), el XI, el XIX (calle de Crimée) y el XX, la concentración es mayor y su presencia es mucho más evidente, con tiendas y restaurantes kasher, hombres con kippa y tirabuzones, y gran animación durante las fiestas, sobre todo las del Yom Kippur.

En París hay cerca de cincuenta sinagogas, algunas de ellas declaradas monumentos históricos, como la de la calle Pavée (distrito IV), proyectada en 1913 por el arquitecto Hector Guimard. Por otra parte, hay varios enclaves que recuerdan la historia y la cultura judías, como el Museo de Arte e Historia del Judaísmo , el Memorial de la Shoahy el monumento en recuerdo de los deportados, en el cementerio del Père Lachaise.


Los musulmanes de París

La construcción de la Gran Mezquita , inaugurada en 1926 en el distrito V, recuerda que la comunidad musulmana está implantada en la capital desde hace mucho tiempo. En 1920 el gobierno francés decidió construir una mezquita para honrar la memoria de los 100.000 musulmanes fallecidos en la Primera Guerra Mundial y para que 26.000 parisinos tuvieran un lugar donde celebrar sus ceremonias. Sin embargo, hasta la segunda mitad del s. XX la presencia musulmana no fue realmente importante, como consecuencia de la llegada de inmigrantes magrebíes (argelinos, marroquíes y tunecinos), más tarde subsaharianos (senegaleses y malineses), y finalmente turcos y asiáticos .

Los musulmanes constituyen la segunda comunidad religiosa de Île de France, con más de un millón de fieles. El paisaje del Islam parisino se está transformando progresivamente y su visibilidad es cada vez mayor: lugares de culto, de alimentación (en algunos barrios las carnicerías halal, que respetan los principios islámicos, han sustituido a las carnicerías tradicionales) y de fiestas. De hecho se han abierto mezquitas en los barrios de fuerte implantación musulmana como el del Croissant (media luna) oriental, situado entre la Puerta de Clichy y Bercy pasando por Barbès y Belleville. Algunas tienen capacidad para centenares de fieles, como la de la calle Polonceau (distrito XVIII), e incluso más de mil, como la mezquita Adda’wa de la calle Tanger, cerca de la plaza de Stalingrad (distrito XIX).

Tanto en París como en la periferia, las fiestas han superado progresivamente las barreras de la intimidad familiar o comunitaria, como ocurre con el ramadán , un mes de privaciones y de devoción, pero también un período de fiestas y de profusión en el que algunos barrios refuerzan su carácter oriental. Las estanterías de las tiendas de alimentación, de las pastelerías y de las grandes superficies se adaptan a las nuevas tendencias y se llenan de los ingredientes necesarios para preparar las abundantes cenas tradicionales (frutos secos, especias, miel, requesón...). Incluso hay restaurantes que organizan cenas especiales.


Las comunidades asiáticas

París es ya una de las capitales europeas del budismo, aunque no debido a las conversiones sino como consecuencia de la inmigración. Y es que la comunidad asiática ha explotado literalmente en Francia desde hace veinte años, sobre todo en la región parisina, donde se ha multiplicado por 10 hasta alcanzar la cifra de 500.000 personas. La mayoría son ciudadanos chinos (de China o de la diáspora), aunque también hay vietnamitas, laosianos, camboyanos...

Se concentran en algunos barrios, como el distrito XIII, donde en los años 1970 surgió una auténtica “Chinatown”, en los barrios de Arts et Métiers (distrito III) y Belleville (distrito XX), así como en las proximidades de las calles Sedaine y Popincourt (distrito XI), hoy invadidos por mayoristas de ropa y marroquinería.

Como es lógico, los cultos asiáticos –taoísmo y budismo– se han integrado en el entorno de estos barrios. La construcción de templos dedicados a diferentes escuelas (chinas, tibetanas, etc.) se han multiplicado desde los años 1980, como el templo taoísta de la calle Disque y el de la Amicale des Teochew en la explanada de Olympiades (distrito XIII), o el templo tibetano del Bois de Vincennes (distrito XII), instalado en un antiguo pabellón de la Exposición Colonial de 1931. Los objetos de culto como leones, dragones, altares y palitos de incienso no están sólo en los lugares sagrados, también se encuentran en zonas más prosaicas, como los numerosos comercios pertenecientes a la comunidad asiática. Algunas fiestas, empezando por el colorista Año Nuevo chino , han pasado a ser momentos muy importantes en estos barrios. Además, budistas de todos los países de Asia se reúnen en septiembre en el cementerio del Père Lachaise (distrito XX) para venerar las almas de sus antepasados con motivo de la Fiesta de las almas errantes .


La India en París

A lo largo del Faubourg-St-Denis, entre la Gare du Nord y la Puerta de la Chapelle (distrito x), los escaparates llenos de colorido contrastan con el gris de las fachadas haussmanianas. Lacerías indias y de origen tamil, retratos de las grandes estrellas hollywoodienses, restaurantes y tiendas de comestibles que huelen a especias e incienso; no hay duda, nos encontramos en el corazón de la “Little India”, la pequeña India de París. Desde los años 1970 este barrio se ha convertido en el centro de reunión de los casi 50.000 indios (originales de India y nativos de Sri Lanka) de la capital. En otro lugar histórico de la comunidad india, el famoso pasaje Brady , abundan los restaurantes y las tiendas de alimentación.

Los hindúes, que suelen ser muy practicantes, celebran en septiembre la fiesta de su dios con cabeza de elefante. La fiesta de Ganesh se conmemora con una procesión festiva en la que participan carrozas cubiertas de guirnaldas, flores y frutas, músicos y bailarines, que salen del templo de Sri Manicka Vinayakar Alayam, en la calle Philippe de Girard (distrito XVIII).

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