París
Qué ver, qué hacer
Organiza tu estancia
París :
Lugares turísticos que no puedes perderte
¿Dónde dormir?
Mejores planes hoteles París
-
Hotel Britannique desde185 €
Reservar -
Hôtel Duo desde160 €
Reservar -
Villa Mazarin desde140 €
Reservar
Mejores planes ocio París
-
- 37.0 €
- Reservar
-
Cena y espectáculo en el Moulin Rouge de París
- 165.0 €
- Reservar
-
Espectáculo en el Moulin Rouge de París
- 109.0 €
- Reservar
Visión panorámica de París
Visión panorámica de París
Elegante y sofisticada, intelectual y elitista, incluso altanera y arrogante a decir de algunos, pero también rebelde, popular y cosmopolita, tras la aparente uniformidad de sus fachadas haussmanianas, la Ciudad de la Luz tiene muchas facetas diferentes. París se caracteriza por su gran diversidad cultural y social, que se expresa a través de la fuerte identidad de sus barrios; un mosaico urbano cuya presentación constituye un auténtico desafío.
Geografía de París
El área urbana, de forma casi circular, ocupa una superficie de 105 km², lo que la sitúa en el puesto 113 de los municipios de la Francia metropolitana, muy por detrás de Arles (758 km²). Los 18 km de este a oeste y los 9 km de norte a sur constituyen dimensiones muy reducidas para una capital, pero muy agradables para los peatones, que pueden recorrerla en menos de dos horas. Dentro de los límites del bulevar periférico (35 km), la nueva “muralla” visual de la ciudad, París tenía 2.153.600 habitantes en 2005, con una de las densidades más altas del mundo (20.510 hab./km²).
Por montes y valles
Los peatones y los ciclistas le confirmarán que París no es una ciudad especialmente llana. A ambos lados del Sena hay varias colinas de formas suaves. En la orilla derecha existen muchas zonas situadas a una altura respetable. Por ejemplo, Montmartre culmina a 131 m en la calle St-Rustique, y desde la explanada del Sacré Cœur se divisa un panorama excepcional de la ciudad. Los barrios de Buttes-Chaumont, Belleville, Ménilmontant, Père-Lachaise, Charonne, Passy y Chaillot también están construidos sobre buttes (colinas) de yeso horadadas por la erosión en el corazón de la cuenca parisina. En la orilla izquierda las mayores altitudes se registran en los barrios de Montsouris, Montparnasse, la Butte-aux-Cailles y la Montagne Ste-Geneviève.
La ciudad y un largo río tranquilo
Los meandros del Sena, el segundo río más largo de Francia (776 km), discurren por el corazón de París en sentido sudeste-nordeste y dividen la capital en dos: la orilla derecha al norte, y la orilla izquierda al sur.
La ciudad nació y creció a orillas del Sena, origen de su prosperidad. Hasta el s. XVIII el río fue la principal vía de comunicación y transporte de mercancías; hoy, aunque de otra manera, sigue formando parte de la vida parisina. De hecho, constituye una importante arteria por la que navegan gabarras, lanzaderas fluviales (sobre todo entre la Torre Eiffel y el Jardín Botánico) y cruceros. Aunque los parisinos no lo utilizan por ahora en sus desplazamientos diarios (hay un proyecto en estudio), los turistas no pierden ocasión de embarcar en alguno de los célebres bateaux-mouches para disfrutar de una agradable travesía. A este respecto hay que señalar que, desde el Quai Branly hasta el puente de Sully, a lo lago de las orillas del Sena, declaradas Patrimonio de la Humanidad, se suceden grandes monumentos (torre Eiffel, Trocadéro, Grand Palais, Hôtel des Invalides, museos del Louvre y de Orsay, Conciergerie, Notre Dame, Ayuntamiento) y que, por lo tanto, constituyen una zona muy agradable para pasear y contemplar unas vistas únicas de la ciudad.
Incluidos el Pont Neuf, que en 1606 conectó por primera vez las dos orillas del Sena, y la nueva pasarela Simone de Beauvoir (2006), construida entre la explanada de la biblioteca François Mitterrand y la terraza del parque de Bercy, el río está atravesado por 37 puentes; cuatro de ellos son pasarelas para peatones y bicicletas.
Por otra parte, el Sena tiene dos “afluentes”: el Bièvre, al sur, cubierto totalmente en el s. XIX por motivos de salubridad, y el canal de St-Martin (4,5 km), en el nordeste, que es la prolongación del canal del Ourcq (108 km) y conecta la cuenca de la Villette con el puerto del Arsenal, antes de desembocar en el río.
Una ciudad subterránea
El París subterráneo tiene varios centenares de kilómetros de canteras, alcantarillas y túneles del metro. Todas estas galerías se excavaron durante siglos para responder a las necesidades de la población.
Las canteras de piedra, que acompañaron la edificación de la ciudad, pasaron a ser subterráneas en el s. XIII, cuando la multiplicación de las obras, en particular las de Notre Dame, empezó a exigir cantidades ingentes de materiales. Este laberinto de más de 300 km hace del subsuelo parisino un auténtico queso de gruyere que preocupa desde hace siglos a arquitectos y urbanistas, pero que ha venido siempre muy bien a los que vivían en la clandestinidad.
En el s. XVIII la cantera de Tombe-Issoire pasó a ser el osario oficial y recibió el nombre de catacumbas; por razones de salubridad o de rentabilidad económica, desde los cementerios parisinos se trasladaron hasta allí más de seis millones de cuerpos.
El s. XIX fue otro de los grandes momentos de la construcción del París de las profundidades. De hecho, el barón Haussmann fue el auténtico creador de la actual red de alcantarillado, constituida por más de 2.000 km de galerías que se extienden por debajo de cada calle. Por otra parte, a finales del s. XIX se empezó a excavar la red subterránea de transporte público: la primera línea del metropolitano se inauguró en 1900 y la última, en 1998. Entre estas dos fechas se construyeron 213 km de vías; que incluyen 197 km subterráneos. Y como las obras continúan, el subsuelo de París igual puede ser un remanso de paz que un centro de intensa actividad.
Una ciudad en movimiento
Fiel a su nuevo lema, “París se mueve”, el Ayuntamiento ha impulsado numerosos proyectos ya realizados o a punto de terminarse.
Una ciudad-museo...
La ciudad de la luz es sin duda una de las más bellas del mundo, seguramente la más romántica, y, por supuesto, posee un patrimonio excepcional. Nadie se atrevería a decir lo contrario. Y es que el París de las postales existe; ese París intemporal que contemplan anualmente 29 millones de turistas extranjeros (datos de 2007): el Sena y sus inolvidables monumentos, los “pueblos” de encanto provinciano, de calles adoquinadas y tortuosas, la alta costura y la gastronomía, que encarnan la elegancia y la calidad de vida. Sin embargo, hay quien piensa que París es una ciudad-museo, anquilosada en la arquitectura del s. XIX, incapaz del dinamismo que muestran otras ciudades europeas. La polémica se plantea periódicamente, como con motivo del fracaso de la candidatura a las Olimpiadas de 2012 o, más recientemente, en el debate sobre la construcción de edificios de más de 37 m.
… o una ciudad en proceso de cambio
Es evidente que París no es Berlín, una ciudad en permanente mutación, y que, seguramente, tampoco marca tendencia como Londres o Nueva York, pero nadie puede negar que es una ciudad llena de vitalidad en la que se siguen realizando grandes obras que transforman su entorno tradicional.
En el sudeste, el barrio de Bercy, totalmente rehabilitado, se extiende frente a la Biblioteca Nacional de Francia François Mitterrand, en torno a la cual se encuentra el nuevo barrio de Paris Rive Gauche. Esta zona, que hasta hace poco presentaba un aspecto industrial y bastante abandonado, concilia ahora el pasado con el presente. Dentro de poco constituirá un conjunto cultural que incluirá un apasionante circuito entre talleres de artistas, salas de teatro y de cine, estudios de música y fotografía, universidades y escuelas.
En el noroeste, la zona de Les Batignolles también está experimentando un gran cambio. De cara a 2012, este gigantesco polígono industrial de la capital, repleto de naves y de vías de tren, se convertirá en un nuevo barrio que contará con 3.500 viviendas protegidas, de todo tipo, equipamientos, más de 100.000 m² de oficinas y comercios, y diversas zonas verdes. Este proyecto, impulsado por la candidatura de París a los Juegos Olímpicos, es uno de los mayores desafíos de la capital de cara a los próximos años, junto con el de Les Halles.
Los “bobós” y el aburguesamiento
¿Dónde está el París popular y canalla de los años 1930? ¿Dónde se encuentra la diversidad social de la capital? París se está aburguesando y no está claro si este proceso es causa o consecuencia del alza de precios, sobre todo de la vivienda. Sin duda, ambas. Los ejecutivos, medios y altos, representan actualmente más de la mitad de la población parisina, frente a menos del 20% hace cincuenta años. Los “burgueses bohemios” (bobos; se pronuncia bobós), un concepto sociológico mal definido, pero que podríamos identificar con una nueva burguesía liberal y libertaria, se han establecido en el nordeste parisino y son los principales artífices del aburguesamiento de una serie de barrios que antes eran populares (canal de St-Martin, Bastilla, Promenade Plantée y Tolbiac), donde la rehabilitación de edificios degradados y de talleres abandonados ha provocado la sustitución de los obreros por clases más acomodadas. No obstante, este proceso de homogeneización social no ha acabado totalmente con la tradicional división entre el oeste y el este parisinos. De hecho, las últimas elecciones pusieron de manifiesto que la ciudad tiene dos zonas claramente diferenciadas: en la occidental, los burgueses son más “pijos” que “bobós”, mientras que en los barrios orientales los “bobós” conviven con poblaciones menos acomodadas que no han abandonado la capital para vivir en provincias o en las afueras. También hay un París popular, el de las nuevas oleadas de inmigrantes que siguen alimentando el mosaico parisino.
París diurno y París nocturno
Los parisinos, la gente de la periferia y los turistas llenan de animación la ciudad tanto de día como de noche; sin embargo, no todos los barrios viven al mismo ritmo, porque unos se quedan vacíos mientras otros se llenan. La ya famosa Noche en blanco anual, que se celebra el primer fin de semana de octubre desde 2002, constituye el paroxismo de esta actividad casi incesante. En algunos barrios especialmente activos (Bastilla, Marais, Barrio Latino, Mouffetard, Campos Elíseos, Grandes Bulevares, Pigalle) o muy modernos (Oberkampf, Butte-aux-Cailles, Batignolles) se prolonga durante todo el año, especialmente los fines de semana.
El ritmo de vida de los parisinos ha cambiado en los últimos años; actualmente se levantan más tarde y se acuestan hacia las once de la noche, mientras que en los años 1970 se iban a dormir en torno a las diez. No es que salgan más que el resto de los franceses, sino que uno de cada tres empleados se ve obligado a trabajar fuera del horario habitual y casi uno de cada dos parisinos trabaja habitual u ocasionalmente entre las ocho y las doce de la noche, además del 15% de la población que tiene horario nocturno.
Como es lógico, los servicios intentan adaptarse a las necesidades de los clientes: los comercios (hay tiendas que abren hasta las diez de la noche), algunos centros deportivos (cerca de veinte piscinas municipales permanecen abiertas hasta las 10 e incluso las 11.45 de la noche, como en el caso de la de Pontoise), la Administración (las Juntas de distrito abren los jueves hasta las 19.30) y, naturalmente, el transporte público. Para atender la creciente demanda de servicio, se ha revisado el horario de los autobuses nocturnos (Noctiliens): la red creada en torno al Ayuntamiento ha crecido sensiblemente y se han aumentado las frecuencias. El horario del metro también se ha ampliado, hasta las dos de la madugada los sábados y las vísperas de festivos (y en breve también los viernes).
París quiere respirar
A los parisinos les preocupan cada vez más los problemas medioambientales. Desde el año 2001, los cargos electos ecologistas, a los que en ocasiones sus detractores califican de “ayatolás verdes”, están promoviendo medios de transporte menos contaminantes y menos ruidosos. Los coches están en el punto de mira. Mientras que en los años 1970 la ciudad intentó adaptarse a la circulación rodada, ahora ésta se está convirtiendo en persona non grata. Se multiplican las campañas como las de “París respira” y “muelles del Sena sin coches” (algunas calles se cierran al tráfico rodado los domingos y festivos), se crean nuevos barrios peatonales, vuelven los tranvías después de sesenta años de ausencia, se instaura un auténtico servicio público de bicicletas, el Vélib’, se fomentan sistemas de transporte alternativos, etc.
Cada día hay más zonas verdes, sus horarios se amplían y la mayoría de sus extensiones de hierba están abiertas al público. Las amplias superficies del Bosque de Boulogne (en el distrito XIX), al oeste, y del Bosque de Vincennes (en el XII), al sudeste, auténticos pulmones de la capital y dotados de lagos y estanques, ofrecen un aire que, aunque no sea puro, al menos es respirable, y durante todo el año se llenan de gente que acude a pasear y a hacer deporte. El casco urbano, que cuenta con 450 plazas ajardinadas y numerosos parques y jardines, aunque naturalmente no tan grandes, también ofrece la posibilidad de disfrutar de la naturaleza. En resumen, los parisinos disponen de 2,54 m² de jardines por habitante (11 m² con los dos bosques periféricos y 15 m² si se incluyen los cementerios).
¿Hacia un Gran París?
Cuando se habla de París hay que distinguir entre la Ville de Paris (o casco urbano), constituida por 20 distritos, y el área metropolitana de París (o Grand Paris), que se ha extendido fuera de los límites de la ciudad durante el último siglo. Esta unidad urbana incluye actualmente 396 municipios con una superficie total de 2.723 km².
Mientras que el casco urbano se está despoblando (tenía cerca de tres millones de habitantes en los años 1930 y algo más de dos millones en 2007), el área metropolitana crece sin parar. En 2005 tenía 11.491.000 habitantes (datos del INSEE), es decir, una de las más pobladas de Europa.
La redistribución de habitantes y actividades en el área metropolitana obliga a revisar su organización política y administrativa. Se contemplan varias posibilidades: ampliación administrativa de París con integración de los municipios limítrofes, como en 1860; creación de una estructura intermunicipal; es decir, una organización administrativa que, como en el caso de Londres o de las provincias francesas, dirija el conjunto del área metropolitana parisina; conversión de la Isla de Francia en región metropolitana. Hay infinidad de proyectos, pero la rivalidad entre los diferentes poderes locales, así como las disputas políticas y las ambiciones personales, están dificultando la adopción de soluciones concretas.

Français
English
Deutsch
Italiano 