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Música
Música
De la polifonía a la composición instrumental – Al igual que sucede con la escultura y la pintura, casi toda la música inglesa antigua y medieval es de inspiración religiosa. La institución –no el edificio– de la Chapel Royal (Capilla Real) viene alentando la música inglesa desde 1135. Thomas Tallis (1505?-1585), organista en la abadía de Waltham hasta su disolución y último de la Capilla Real bajo la reina Isabel, puede ser considerado como el iniciador de una larga y fructífera tradición de música sacra inglesa. A él se deben las armonías de los responsos para la iglesia reformada de Inglaterra (Responsos de gloria en cuatro y cinco partes), que todavía se siguen cantando y la adaptación de los Cánticos en modo dorio. También compuso numerosos himnos, misas en latín, lamentaciones y motetes, entre los que destaca el soberbio Spem in Alium para 40 voces y el Canon, compuesto hacia 1567. Junto a William Byrd (1542/3-1623), otro prolífico compositor de música sacra, Tallis obtuvo de Isabel I el monopolio para imprimir y publicar obras musicales (1575).
Desde finales del s. XVI hasta 1630 aproximadamente, los compositores británicos escribieron abundantes madrigales, composiciones de carácter amoroso o satírico importadas de Italia. Entre estos se hallan Byrd y John Dowland (1562-1626), que fue además un virtuoso del laúd. La música popular, mucho más antigua, solía servir de acompañamiento a los bailes campestres y pervive aún hoy en la llamada danza Morris. Compositores como Byrd y Thomas Morley (1557-1602) escribieron arreglos para varias obras de Shakespeare, e introdujeron la música en el teatro. John Bull (1562-1628), virtuoso del virginal, es para muchos uno de los fundadores del repertorio inglés para teclado y a menudo se le relaciona con la música original del God Save The Queen. Ben Jonson (1573-1637) y Henry Lawes (1596-1662) cultivaron como pocos la “mascarada” (masque), género célebre en el s. XVII que combinaba música, baile y espectáculo de gran boato.
Orlando Gibbons (1583-1625), organista de la Capilla Real bajo Jacobo I y uno de los mejores intérpretes y compositores de música para instrumentos de teclado de la época, escribió abundantes piezas de música sacra, madrigales y música para viola y virginal. Henry Purcell (1659-95), considerado por muchos el mejor compositor británico de su generación (y por algunos de todos los tiempos), compuso espléndidas y abundantes piezas de música tanto sacra como profana (ópera Dido y Eneas), música para grandes acontecimientos y piezas para clavicordio.
La música aplicada al drama – La música de cámara (destinada a ser ejecutada en lugares privados) no aparece verdaderamente hasta el s. XVIII, que conoce asimismo el desarrollo de la ópera inglesa y la emergencia de un nuevo género, el oratorio, impulsado por el compositor de origen alemán Georg Friedrich Haendel (1685-1759). Su obra incluye 40 óperas, alrededor de 20 oratorios, cantatas, música sacra y numerosos trabajos para orquesta, coro e instrumentos. Entre 1719 y 1728 se funda la Royal Academy of Music, orientada por iniciativa de Haendel hacia la difusión de la ópera. En el siglo siguiente la academia se convertirá en una institución de enseñanza que se unirá en 1883 al Royal College of Music y en 1927 a la Royal School of Church Music.
Post-romanticismo y época contemporánea – En 1740, el compositor Thomas Arne (1710-1778) pone música al poema de James Thomson, Rule Britannia, en una mascarada en honor de Alfred, príncipe de Gales. A finales del s. XVII y primeros del XIX el romanticismo se extiende por toda Europa y llega a Inglaterra, donde tiene grandes repercusiones sobre la creación literaria (Wordsworth, Coleridge, Scott), pero pocas sobre la composición musical. No obstante, los ciclos de melodías románticas estarán de moda entre el gran público durante todo el XIX.
Edward Elgar (1857-1934) pone fin a un periodo de casi 200 años durante el cual Gran Bretaña no da al mundo ningún compositor de talla internacional. A través de su música, impregnada de su amor por la campiña inglesa, Elgar consigue expresar el sentimiento patriótico de una nación que ostentaba en este momento el rango de primera potencia mundial. Obras como Enigma o La visión de Geroncio le dieron fama internacional y sus numerosas composiciones orquestales lo revelaron como un maestro del género (Sinfonías en la y en mi bemol, Concierto para violonchelo). Apoyado por el director de orquesta Thomas Beecham, Frederick Delius (1862-1934) compuso variaciones orquestales, rapsodias, conciertos y numerosas piezas para coro y orquesta, caracterizados por su original enfoque cromático de la armonía. Durante toda su vida, Ralph Vaughan Williams (1872-1958) estudió con profundidad las corrientes musicales populares. Como resultado, toda su obra está influida por la canción tradicional inglesa y por la música sacra de época Tudor. A causa de una neuritis en la mano, Gustav Holst (1874-1934) tuvo que renunciar a su carrera de concertista de piano y dedicarse al estudio de la composición bajo la dirección de Charles Villiers Stanford (1852-1924), compositor irlandés de música sacra y coral. Socialista convencido e influido por su admiración por Grieg y Wagner y por un cierto misticismo innato, Holst compuso entre 1914 y 1916 su obra más famosa: Los planetas, una suite sinfónica en siete movimientos.
William Walton (1902-83) puso música a los poemas de Edith Sitwell (Façade, 1923) y compuso sinfonías, conciertos, óperas, la cantata El festín de Belshazzar y música para películas (Enrique V, Hamlet y Ricardo III de Laurence Olivier). Michael Tippett (1905-98) alcanzó fama con su oratorio El hijo de nuestro tiempo, reflejo de los conflictos que marcaron las décadas de los 30 y los 40. Tippett compuso además, una extensa y variada obra que incluye óperas (Boda en verano, El rey Príamo), sinfonías y otras piezas para orquesta a través de las cuales se expresan una fértil imaginación y una gran inventiva. Su obra se inspira por igual en las fuentes clásicas como la música de Purcell, y en la música popular contemporánea como el blues y el jazz.
Benjamin Britten (1913-76) fue discípulo de John Ireland (1879-1962) en el Real Colegio de Música y tras dos años en EE.UU volvió a Inglaterra, donde compuso obras vocales y corales principalmente (dos excepciones son sus Variaciones y Fuga sobre un tema de Purcell y su Young Person’s Guide to the Orchestra), importantes óperas, como Peter Grimes, Billy Budd y Sueño de una noche de verano, A Ceremony of Carols y el conmovedor War Requiem. John Tavener (1944), autor de la reiterativa Song for Athene que puso fin a los funerales de la princesa de Gales en la abadía de Westminster en septiembre de 1997, se sirve de su fe ortodoxa rusa como fuente de inspiración para su música, principalmente religiosa.
Promenade Concerts – Fueron instaurados en 1895 por Henry Wood (1869-1944). Desde entonces, su popularidad ha ido en aumento y cada verano (de mediados de julio a mediados de septiembre) congregan a un mayor número de aficionados en el Royal Albert Hall. El coro Jerusalem, himno oficioso de la manifestación, clausura cada año los Promenade concerts y es quizá la obra más conocida de Hubert Parry (1848-1918). Directores y compositores como Peter Maxwell Davies, Neville Mariner, John Eliot Gardner, Colin Davis, Simon Rattle, Christopher Hogwood o Andrew Davies garantizan la vitalidad y originalidad de la música británica. Eisteddfods en Gales y Mods en Escocia, perpetúan la tradición de los bardos celtas. Festivales, como el de los Tres Coros en las catedrales de Hereford, Worcester y Gloucester y –en un registro completamente opuesto– las producciones operísticas de Glyndebourne y la English National Opera contribuyen a mantener vivo el interés del gran público por la música clásica.
Coda – En un tono menos grave, el encuentro en 1875 de William Gilbert (1836-1911) y Arthur Sullivan (1842-1900) dio nacimiento a un género muy apreciado por los británicos, las llamadas óperas “Gilbert and Sullivan”, escenificadas por Richard D’Oyly Carte. La comedia musical, variante inglesa de la opereta europea, nació en la década de 1890 en el Gaiety Theatre de Londres con espectáculos como The Gaiety Girl. Otra institución típicamente inglesa, el music hall, tampoco tardó en hacerse popular. La posibilidad de asistir a una gran variedad de espectáculos al tiempo que se come y se bebe sedujo rápidamente a un numeroso público. Dos nombres, Ivor Novello (1893-1951) y Noël Coward (1899-1973), irán por siempre asociados a la comedia musical británica de entreguerras. En la actualidad, la continuidad de este género se debe sobre todo al tesón de Andrew Lloyd Webber (1948).

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