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Roma, entre el cielo y la tierra
Roma, entre el cielo y la tierra
A pie, Transporte público, 16 km, 4 dÃasRoma tiene tal riqueza que se necesita por lo menos una semana para descubrirla. El circuito peatonal que le proponemos le permitirá conocer la quintaesencia de la ciudad eterna en unos pocos días.
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Céntrica y gigantesca plaza romana que siempre está llena de gente. Sufrió una profunda remodelación en 1911, cuando se construyó el monumento de Víctor Manuel II y está rodeada de palacios: al oeste, el Palazzo Venezia; al norte, el Palazzo Bonaparte, donde murió la madre de Napoleón en 1836; al este, el Palazzo delle Assicurazioni Generali di Venezia, de principios del s. XX, y finalmente, al sur, el polémico Vittoriano.
En la colina que fue símbolo del poder de Roma y en la que ahora tiene su sede el ayuntamiento de la ciudad se encuentran la iglesia de Santa Maria d’Aracoeli, la plaza del Capitolio y sus palacios: el Palazzo Senatorio (ayuntamiento) y los Palazzo dei Conservatorio y Palazzo Nuovo, que albergan las colecciones de los Museos del Capitolio. Excelentes vistas del Foro Romano.
Piazza del Campidoglio
Miguel Ángel proyecto y realizó parcialmente esta plaza a partir de 1536. En torno a ella se alzan tres palacios y una balaustrada dominados por las estatuas de los Dioscuros. Miguel Ángel instaló en el centro una estatua de Marco Aurelio (hoy sustituida por una copia); el original se halla en el Palazzo Nuovo. Desde la via del Campidoglio, vistas de las ruinas del Foro Romano.
Esta vía que cruza el foro romano en sentido longitudinal fue la más importante de la Antigüedad. Por ella desfilaron todos los cortejos triunfales de los grandes generales.
En torno a la plaza del Capitolio hay varios palacios. Uno de ellos es el Palazzo Senatorio, construido en el s. XII y reformado entre 1582 y 1602 por Giacomo Della Porta y Girolamo Rainaldi (es sede del Ayuntamiento de Roma).
Constituye un entorno suntuoso, erizado de columnas, arcos triunfales, muros en ruinas y templos convertidos en iglesias, con avenidas enlosadas que fueron testigos de 12 siglos de historia. Antes de visitarlo con detalle hay que descubrirlo desde la colina del Capitolio o desde el tabularium que, en los museos capitolinos, forma una terraza asomada al centro de la ciudad antigua. Así aparece en toda su melancólica majestad, impregnada de la grandeza de las civilizaciones desaparecidas.
El anfiteatro de los Flavios, o Coliseo, inaugurado en el año 80, es el mayor del mundo romano (527 m de circunferencia y 57 m de altura). Tres plantas de arquerías ciñen este impresionante circo construido sobre una parte del espacio que ocupaba la Casa Dorada de Nerón. Cincuenta mil espectadores podían presenciar juegos circenses, combates de gladiadores e incluso combates navales.
En esta colina donde fueron adoptados Rómulo y Remo construyó Domiciano su palacio imperial, la Domus Flavia, escenario de la vida oficial, la Domus Augustana, residencia privada de los emperadores, y el estadio. La casa de Livia fue tal vez la mansión de Augusto (bonitos restos de pinturas). Al norte de la colina, el bosque de pinos forma los llamados jardines Farnesio, creados a mediados del s. XVI.
Esta plaza, escenario de encuentros multitudinarios de los católicos con el papa, es sin duda una de las más famosas del mundo. Sobria, solemne y enmarcada por los dos brazos de la columnata, es obra de Bernini, el maestro del barroco, que la inició en 1656. En el centro se yergue el obelisco, del s. I a. C., transportado desde Heliópolis hasta Roma en el año 37 por orden de Calígula. Domenico Fontana la situó en su emplazamiento actual de acuerdo con los deseos de Sixto V.
Bramante, Miguel Ángel y Giacomo della Porta, entre otros artistas y arquitectos, se sucedieron en las obras después de que Constantino, convertido al cristianismo, decidiera construir un santuario en el lugar del martirio de san Pedro, en el año 324. Hoy es una basílica desmesurada que abre a la plaza de San Pedro. Su inmenso interior alberga grandes obras de arte como la Piedad de Miguel Ángel, la cátedra de san Pedro, el monumento de Urbano VIII y el baldaquino de Bernini. Desde la cúpula, espléndido panorama de la ciudad.
Poseen colecciones fabulosas que a penas da tiempo a disfrutar dada la multitud que se aglomera y que vuelve utópico cualquier intento de detenerse ante una obra. Déjese llevar por el flujo de visitantes que le transportará a través de galerías suntuosamente decoradas, en las que se puede ver obras tan variadas como un sarcófago egipcio o un fresco de Rafael y que le llevará finalmente hasta la Capilla Sixtina. En la pinacoteca, fuera del circuito y mucho más tranquila, podrá contemplar sobre todo obras de Rafael.
Piazza Campo dei Fiori
En el centro de esta antigua plaza reina la estatua de Giordano Bruno. Aquí el monje hereje fue quemado en 1600. Actualmente un colorido mercado lo invade cada mañana y, por la noche, es un lugar de encuentro para la juventud, atraída por su cine de arte y ensayo, su gran cantidad de bares, cervecerías y pizzerías.
Conocida universalmente desde que Anita Ekberg se bañara aquí en traje de noche en una escena de la Dolce Vità, la monumental Fontana de Trevi es una obra maestra del barroco encargada por el papa Clemente XII a Nicolà Salvi quien la construyó en 1732 en la desembocadura de un canal de 20 km acondicionado en el año 19 a.C. por Agripa. La multitud que invade el lugar a cualquier hora del día le obligará a abrirse paso con los codos para arrojar en la fuente dos monedas: es el precio que tiene que pagar para poder regresar a Roma.

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