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La «Tourada»

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La «Tourada»

En casi todos los pueblos de Portugal hay praças de touros. Como las españolas, son circulares y en ellas se celebran las touradas (corridas) desde Semana Santa hasta finales de septiembre. Este magnífico espectáculo constituye todo un alarde de habilidad, elegancia y valor.


¡No matarás!

A diferencia de su vecino español, el toro portugués no muere en el ruedo al final de la corrida y sale de la plaza con las dos orejas y el rabo. Sin embargo, el indulto es de poca duración porque, como está muy debilitado por las heridas recibidas, suele ser víctima del matarife al día siguiente. Aunque algunos afortunados terminan sus días como reproductores en el campo.

El conde Arcos, corneado por un toro en 1799, fue el causante de esta costumbre. Su muerte causó tanto disgusto a la reina que se suspendieron las touradas. No se volvieron a celebrar hasta que se promulgaron nuevas reglas que obligaban a proteger los cuernos con una funda de cuero (emboladas) y prohibían la muerte en público del toro.


A caballo

Otra diferencia importante entre la corrida y la tourada es que el torero español, excepto en el caso del rejoneo, se en­­frenta al toro a pie, mientras que en Por­­tugal los cavaleiros van a caballo. Est­­os últimos, excelentes jinetes, se identifican plenamente con su montura y juegan con el toro con una habilidad extraor­­dinaria hasta que consiguen ponerle las banderillas (farpas). Los caballos, muy bien adiestrados, provocan al toro y lo esquivan en el último segundo. Es la cumbre del arte ecuestre.

Los cavaleiros cambian generalmente de montura después de colocar tres banderillas (a cada toro se le ponen seis o nueve en función de su fuerza) y cuentan con la colaboración de los toureiros, a pie, que desplazan al toro cuando es necesario con la ayuda de sus capas.

Después del cavaleiro salen al ruedo los forcados (portadores de horcas; las utilizaban antiguamente), que son ocho y se enfrentan al toro con las manos desnudas. Uno de ellos se sitúa frente al animal, y los demás se colocan detrás de él para apoyarle. Cuando el toro embiste al forcado que llama su atención, este último encaja el golpe y lo coge por el cuello pasando los brazos entre los cuernos. Enseguida sus compañeros le ayudan a inmovilizar al animal. Una vez cumplida su misión, abandonan la plaza mientras un forcado sujeta al toro por el rabo.

Esta segunda parte de la tourada recibe el nombre de arrojado y termina con la irrupción en la plaza de algunos cabestros que conducen al toro a los toriles.

Las touradas más importantes son las de Estremadura y las del Ribatejo, dos regiones donde se crían desde hace mucho tiempo caballos y toros de lidia. Lisboa, Santarém y Vila Franca de Xirason las principales plazas del país.


Un traje aristocrático

El traje tradicional del cavaleiro data del s. XV; el chaleco, de seda o de terciopelo, está bordado con hilo de oro. La chaqueta es larga y entallada y está adornada con encajes en la embocadura de las mangas. El sombrero es un tricornio con plumas. El lazo negro fijado en la nuca y que cae sobre la espalda es una señal de duelo en memoria del conde Arcos. Esta indumentaria tan elegante recuerda que los cavaleiros eran de origen aristocrático, mientras que los forcados, vestidos con mucha más sobriedad, eran gente del pueblo.

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